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El Gormiti meón (pastiche)

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Con lágrimas que me subieron de los huesos, mal vestidos y graves, los vi perderse en fila e internarse, seguramente para no salir más, por el ardido corazón de África".                  

La arboleda perdida. (Rafael Alberti)

                        

                           Un mono cruza la carretera. Nos reímos. En el coche reina el buen humor porque nos hemos convencido de que somos turistas en un país que ha cambiado y que si algunos con los que nos cruzamos van mal vestidos y graves es porque, como en cualquier continente, el lunes es un día jodido y que para ir a trabajar en las plantaciones  a nadie se le ocurriría ir con traje y corbata. 

Tenemos un largo camino por delante y queremos llegar antes de que anochezca; aquí el sol se va sin avisar, sobre las seis de la tarde, en un movimiento de caracol que se replega en su concha.

 En un cruce, un hombre está sentado en uno de los quitamiedos de la carretera; no se ve ninguna casa, ningún pueblo en kilómetros a la redonda. Nuestro todo terreno hace el stop y podemos observar a aquel anciano con pinta de «rasta»; podría echar una mirada hacía nosotros en aquel páramo solitario, pero no desvía su mirada ni un ápice, una mirada que parece perderse en el mismísimo ardido corazón de África.

—Quiero pis, se queja de repente uno de los pequeños que nos acompañan en este viaje.

Me toca a mí ocuparme del infante; bajamos del coche y nos adentramos unos metros en la maleza, ya que no puedo desaprovechar la ocasión para aliviar mi propia vejiga. Entonces, detrás de los primeros arbustos, a unos metros de nuestro reluciente todo terreno, está, de verdad, ese valeroso corazón africano. De varias chabolas, con los pies embarrados y los ojos abiertos como platos, unos niños salen a nuestro encuentro; de edad aproximada a la de mi joven compañero de viaje meón, nos observan como ovnis caídos del cielo…  el asombro es mutuo y mientras nos alejamos para buscar otro sitio ante la emergencia, los pequeños nietos del Apartheid, sombras en el bosque, se pierden en fila al internarse en él.

—Ya no tengo ganas, quiero volver al coche —me suplica el niño asustado— seguro que esos niños nos van a seguir y pegarnos.

—Tranquilo, Valiente Gormiti Señor de los Bosque, se han ido y seguramente para no salir más —le contesto mientras le ayudo a bajar la cremallera de su pantalón.

Por fin oigo un chorrito que cae sobre las flores rosas de una jacaranda; el pequeño no deja de echar miradas a diestro y siniestro, mientras yo reprimo unas lágrimas que me suben de los huesos.

                                                                    

26/05/2010 16:13 dominiquevernay Enlace permanente. sin tema

Comentarios » Ir a formulario

Autor: Gaviota

Me ha gustado mucho. Construcción de un texto a partir del de otro autor de forma entrelazada, con distinto orden.
Quizá sobra la repetición de "ardido corazón de áfrica" para que estuviera redondo.
¡Enhorabuena! Me alegra comprobar que has recuperado en ánimo.
Un besote canario.

Fecha: 27/05/2010 00:09.


gravatar.comAutor: Miguel

Experimentar: Una buena manera de encontrar ganas para seguir escribiendo. Me ha encantado lo de "valiente gormiti Señor de los Bosques" Aunque ni se imagina lo valientes que son los gormitis que habitan la tierra que el ha osado mear.
Ánimo.

Fecha: 28/05/2010 19:06.


Autor: Dominique

tienes razón Gaviota... ya lo rectifiqué dándole a la palabra "ardido"el significado de valiente... (siguiendo lo que dice la RAE)... y tienes razón tú también Miguel... ¡una tierra de valientes! Besines asturianos

Fecha: 28/05/2010 20:31.


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