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El ciego

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Amanece. Sólo lleva un minuto despierto pero ya lo sabe con certeza. Se lo dice el mirlo del tilo junto a la ventana.

Amanece. Se lo ruge el primer avión de la mañana que despega, pesado, como quien corre con la tripa llena; hoy se le oye más—sopla viento del oeste—, piensa el hombre.

Amanece. Se lo susurra el cuerpo de ella buscando el suyo; libre ya de las cremas con las que se embadurna, es ahora para él como un  regalo por fin desenvuelto.

Amanece. Se lo afirma su sexo, siempre de buen humor a esas horas de la mañana.

El hombre se levanta; al pie de la cama sus zapatillas aguardan como dos centinelas. Abre las cortinas, las persianas; a ella le gusta dormir sin un resquicio de luz, él no sabe si le gusta o no. Abre la ventana.

Amanece. Se lo grita el aire fresco de la mañana.

Ahora están los dos, desnudos frente al nuevo día. El hombre la rodea con sus brazos por detrás y lee en braille aquel cuerpo que se sabe de memoria. Apoya la barbilla en su cabeza, unos mechones rebeldes juegan a hacerle cosquillas.

Entonces la ama, mientras los ojos de ella le cuentan el amanecer. 

 

10/07/2010 15:48 dominiquevernay Enlace permanente. sin tema

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Autor: Berta

"Mientras los ojos de ella le cuentan el amanecer..." Una delicia de lectura Dominique.

Fecha: 12/07/2010 13:48.


Autor: Dominique

una delicia de comentario Berta! un besín

Fecha: 12/07/2010 14:29.


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