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Tiempos de crisis

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Eran tiempos de crisis. No podía despilfarrar las dietas de viaje que cobraba, y por eso iba a faltar –por primera vez en su ya larga vida de representante comercial– a la promesa que se había hecho de no pasar una sola noche en esos hoteles de margen de autopista. Envueltos en olor a salsa barbacoa de restaurantes nacidos a la par, eran todos iguales, barracones por mucho que se les quisiera disfrazar. Sin embargo –había que reconocerlo– eran más baratos que cualquier pensión de mala muerte y, además, limpios.

            Así es que sobre las 19h del día en el que –insisto– por primera vez Nel iba a pernoctar en uno de esos moteles de nombres imposibles, sintió algo de aprehensión al teclear –en una pantallita colocada justo por encima del picaporte de la puerta de la habitación 320– el numero de seis cifras que le había sido asignado. Después de varios intentos frustrados, una lucecita verde parpadeó. El hombre entró.

            Sin soltar la maleta, echó un vistazo a la habitación, dudando aún si quedarse o largarse. Luego, se acercó a la cama, dio unos golpecitos al colchón, unos golpecitos tipo puntapiés de entendido en neumáticos. El colchón le pareció firme, como a él le gustaba. Dejó la maleta en el suelo y se sentó en el borde de la cama.

            Siguió mirando la habitación con cierto recelo. El linóleo del piso le llamó la atención. De color ocre, hacía juego con las cortinas y la colcha, pero dos caminos desgastados chirriaban en aquella sintética uniformidad; uno iba del lado derecho de la cama hasta el cuarto de baño, y otro, de la cama hacia el televisor –si una vez la habitación había contado con un mando a distancia, era evidente que alguien se lo había llevado–.  

             Otros caminos le vinieron entonces a la mente: los que trazaban los lobos del zoo al que solía ir con sus hijos cuando eran pequeños.

             El recuerdo de aquellos paseos en familia disparó entonces una sonrisa que se encasquilló al instante sin conseguir alcanzar los labios de Nel.

            De manera inconsciente había estado buscando un tercer camino en el linóleo, el que le llevaría hacia la salida, pero no lo había.

03/10/2011 11:08 dominiquevernay Enlace permanente. sin tema

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