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La gota gorda (segunda parte)

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Estoy harta. Ya llevo más de una semana con ese miembro peludo a cuestas y estética a parte, solo me ha traído problemas.

            Mi novio dice que hasta que no recupere mi verdadero brazo no saldrá conmigo, que le da mucho corte y, aunque no lo quiera reconocer, creo que está celoso.  

            En el trabajo, murmuran a mis espaldas y tengo miedo de que me echen por acosadora, y eso que tengo mucho cuidado con sujetarme la mano pilosa en cuanto pasamos, ella y yo, demasiado cerca de Vanesa, la sexy de la oficina.

            Luego llega la noche y ni siquiera puedo dormir en paz ya que –y perdónenme la expresión– tengo que vérmelas con un miembro pajillero a más no poder; tanto es así que termino atándolo a la mesita de noche. Si por mí fuera, lo denunciaría, pero me temo que la policía no entienda la gravedad de la situación.

            Así es que ayer puse un anuncio en el periódico de –se busca brazo de mujer, urge– y ya me ha llamado alguien. Me contó que había encontrado una oreja macho en un parque y que al ver mi anuncio pensó que podría interesarme.

            –Siempre será mejor que, a la hora del trueque, pueda usted recurrir al truco del dos por uno: un brazo y una oreja de hombre por una brazo de mujer –me dijo al preguntarle yo, en qué me podía interesar aquella oreja.

            Quizá tenga razón. Y aquí estoy, con un brazo peludo y una oreja –tal vez sorda– en una cajita junto a mí. Además, no sé lo que me está pasando, noto unas tremendas ganas de ir a por un lienzo y de pintar unos girasoles.  

16/10/2011 16:46 dominiquevernay Enlace permanente. sin tema

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dominiquevernay

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