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dominiquevernay

Toast & Sex

Toast & Sex

Con el automatismo de un robot y el garbo de una vieja zapatilla me dirigí hacia la cocina. Fui por todo el pasillo con los ojos cerrados; en realidad podía haber ido por toda la casa a ciegas, me la sabía de memoria al igual que me sabía nuestras vidas, la de mi novio y la mía. 
Enchufé la cafetera y coloqué mi taza debajo del pitorro. Luego, esperé. Al poco, me sorprendió oír la voz de un locutor de radio en vez del cacareo habitual del aparato, y vi cómo se me llenaba la taza de un chorro de noticias de recuelo que, por supuesto, me negué a tomar. 
Aunque estaba resignada a prescindir de mi dosis de cafeína, no iba a renunciar a mi tostada de cada mañana, así es que di al "on" de la tostadora. Lo hice con cierta aprehensión, ya que, después de lo de la cafetera, me pareció ver en el brillo-acero de aquel pequeño electrodoméstico cierto aire de salvajismo. No me equivocaba: después de cantarme un fragmento de no sé qué ópera se tragó mi rebanada. 
Al llegar mi novio a la cocina, me encontró en plena negociación con el exprimidor, pero no nos hizo caso; se fue al armario de la aspiradora, la sacó, la enchufó y colocó una taza junto a la salida del tubo rígido.
–¿Te preparó uno? –me preguntó con cierto brillo-acero en la mirada.
–Bueno –le contesté entre perpleja y maravillada.
–¿Y cómo lo prefieres? –preguntó de nuevo acercándose a mí.
–Extra-fuerte –susurré.

1 comentario

Javier Ximens -

Jeje, me ha gustado este surrealismo suave, accesible, de como los ruidos van tomando su espacio.