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Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2013.

Après la fête

Je n' sais pas comment je vais pouvoir faire partir ces taches de vin sur la nappe blanche des grandes tablées. Toutes les années c'est la même chose alors qu'il suffirait de ne servir que du blanc.

            –Avec la viande il faut du rouge.

            Mais qui c'est qui a décrété ça? Un con qui ne s'était sûrement jamais retrouvé –seul après la fête– face à une nappe toute mouchetée. C'est pas dans mon habitude de dire des gros mots, mais alors que je frotte une par une les taches avec un peu d'eau de Javel, j'ai tout à coup envie d'en dire beaucoup. Dans ma tête y'a comme quelqu'un qui crie:

            – Putain de merde mais c'est trop con tout ça!... Une nappe toute verolée et ça, parce que quelqu'un a dit que le vin rouge accompagnait mieux les viandes. Et même si c'était vrai, ça rime à quoi tout ça? Ça rime à quoi une nappe toute fanée sur une table maintenant trop grande?... Ça ne rime à rien et en plus, la javel ça fait pleurer.

01/01/2013 20:01 dominiquevernay #. sin tema Hay 2 comentarios.

Los tres cerditos en el planeta de los Skylanders

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Todo con tal de prolongar el día.

–¡Otro cuento más por fa!

Se me ha agotado el repertorio y los amenazo con volver a la historia de los tres cerditos. Nic no protesta, aunque sea un cuento para pequeños. Hugo está entusiasmado.

–¡Vale, vale!... Yo hago de cerdito pequeño y tú, Nic, de cerdito mayor y de lobo –le dice a su hermano–. Y Memedó hace de cerdito mediano y de cuentista.

Ha dado en el clavo; sin querer me ha definido: mediana y cuentista.

En nuestra versión el lobo se hace amigo de los tres cerditos, y todos se quedan a vivir juntos y para siempre en la casa de ladrillo. Hugo me pregunta entonces por qué no podemos vivir todos juntos también: hermanos, padres, abuelos, tíos, primos...

–Porque... porque no cabríamos en una sola casa, somos muchos –le contesto mientras le doy el besito de la noche.

–Ya... pero ¿y si construimos una casa de ladrillo tan grande como un planeta de Skylanders?

–Pues...

Me quedo silenciosa unos segundos imaginando ese planeta tan hermoso como aterrador.

–Eso es imposible, en el Portal del Poder no cabríamos todos –señala Nico con una seguridad que no da lugar a dudas.

–Ya –contestamos al unísono Hugo y yo.

03/01/2013 16:04 dominiquevernay #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Cumplir años

Cinco de enero 2013

Al desplegar todas vuestras felicitaciones en mi página Facebook, pensé –con una pizca de orgullo– ¡mi madre!, tengo por lo menos diez metros de comentarios.

            Entonces, me vino a la mente la observación de una señora que acababa de perder a su madre y quien, entre lágrimas, exclamó al ver llegar los coches de los asistentes al entierro:

            –¡Virgen Santa! ¡La fila de coches llega hasta el prao del Antón... y eso ye por lo menos un kilómetro!

            Pues eso... En este cinco de enero del 2013, Facebook es para mí como aquella única calle asfaltada de pueblo en la que uno puede medir en metros el cariño de su gente. 

06/01/2013 10:09 dominiquevernay #. sin tema Hay 1 comentario.

¿Cómo cortarse las uñas de los dedos de los pies a partir de los cincuenta.

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           Los dedos de los pies son unos seres muy extraños. Sí, han leído bien, son unos "seres extraños" y, por eso mismo, cortarles las uñas equivale a lo que vimos hacer a los indios con las cabelleras en muchas películas del oeste. Un acto brutal, desde luego, sobre todo si se tiene en cuenta que durante los primeros meses de nuestra vida son nuestros amigos más íntimos con los que pasamos horas jugueteando; ni el mejor de los sonajero ni el muñeco de trapo más suave podría competir con unos deditos de pies tiernos y cosquillosos.  

            Sin embargo, el corte de uñas no será la única tortura a la que se les someterá. Vendrá el primer par de zapatos en los que se les querrá embutir, luego los calcetines de lana gruesa que les picarán, los de fibra sintética que les harán sudar y los de goma floja que se tendrán que comer, sin hablar del zapato de tacón de aguja o de punta fina que intentará despiadadamente acabar con ellos. Sin embargo, los dedos de los pies son como los buenos soldados: saben esperan en fila a que llegue la hora de la revancha: la hora del corte de uñas.

            Si a los jóvenes rebeldes se les antoja peinados extravagantes con crestas y demás obras arquitectónicas, a los dedos de los pies les salen, por rebeldía también, unas uñas con formas y rarezas horripilantes; sean pues muy precavidos cuando, después de mirar en varios cajones, encuentren su cortaúñas  –el único que corta bien y que nunca está donde tendría que estar– se sienten e inicien la poda.

            Tener buena luz será otro punto esencial para que ningún trozo de dedo –o dedo entero– falte al recuento de después, por lo que les recomendaría actuar solo en días de sol y junto a un ventanal de cristales relucientes. Lo más probable es que la distancia, desde la que van a tener que trabajar, sea justamente la que sus ojos no conseguirán controlar ni con gafas de ver de cerca ni con gafas de ver de lejos; por lo tanto, prescindan de ellas y arruguen los ojos lo más que puedan.

            Sean cuales sean sus costumbres de aseo personal, les sugeriría que pusiesen los pies en remojo, unos cuantos minutos en una palangana de agua tibia antes de la batalla; resulta ser una manera eficaz de reblandecer, en otra palabra, de debilitar al enemigo ya que, no lo olviden, estamos en guerra.

            Ahora sí, ha llegado el momento de levantar la pierna derecha –si han decidido empezar por las uñas de los dedos del pie derecho– dejando la rodilla ligeramente doblada para evitar todo chasqueo de menisco, y de apoyar el pie en un taburete que habrán colocado a tal efecto frente a ustedes. Asegúrense de la estabilidad del taburete, no siendo que por ser el suelo de parqué barnizado, una de las patas se escurra y pierdan ustedes también las suyas (patas). Luego, expulsando todo el aire de los pulmones, aprieten los músculos del abdomen y estiren los brazos y manos hacia el pie que habrán secado previamente. El otro puede quedar unos minutos más en remojo en la palangana. Si después de unos cuantos estiramientos no consiguen alcanzar el objetivo, renuncien y pidan hora al podólogo; una hernia discal o inguinal supondría un tanto insuperable a favor de los dedos de los pies.

            Una vez atrapado el primer dedo –parece lógico empezar por el más gordo aunque sobre este asunto no existen aún reglas concretas– procuren agarrarlo fuerte por el pescuezo, su parte más estrecha llamada también "cintura" en ciertos tratados; ponga especial cuidado en los dedos más rebeldes, los amotinados, que subidos en la chepa de sus compañeros entorpecen la labor de manera considerable; no den ningún corte sin haber reducido a los amotinados antes –suelen ser varios en un mismo pie– inmovilizándoles con un poco de cinta adhesiva en los casos más extremos. Coloquen por fin la victima escogida entre los dos filos de su cortaúñas y, con un pulso firme, trónchenla.

            Permitan que insista en un punto ya señalado: no se dejen impresionar por las uñas encarnadas, atróficas, frágiles, débiles, quebradizas, desdobladas en capas... todas estas deformidades no son más que tácticas de disuasión. 

            Cuando terminen con las uñas de los cinco primeros dedos, cambien de pie y recuerden que, al haber permanecido en el agua tibia más tiempo, las cinco restantes ofrecerán menos resistencia a la hora de la poda, por lo que se aconseja una fuerza de ataque más leve, evitando así que su cizalla tome por uña lo que es carne.

            Aunque las leyes actuales sobre riesgos laborales no hablen del "corte de uñas de los dedos de los pies", es de lo más recomendable la utilización de gafas de protección para que ningún astilla de uña pueda clavarse en la córnea durante la lucha.

            Y para terminar y poner algo de humanidad en aquel brutal e inevitable sacrificio ungueal, les rogaría que hablasen amistosamente con sus dedos de los pies mientras los ponen a remojo, mientras los secan y les van cortando la cabellera; estos fueron sus primeros interlocutores y, aunque se hayan convertidos en seres extrañamente feos  – pregúntense, ¿a dónde iríamos a parar sin ellos? 

18/01/2013 11:12 dominiquevernay #. sin tema Hay 1 comentario.

Las moscas

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Al principio no nos dimos cuenta y cuando lo hicimos fue demasiado tarde.

23/01/2013 09:45 dominiquevernay #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Seudónimo: Lucifer

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Decidí venderle mi alma al diablo porque no me gusta guardar cosas que no sirven. Supongo que me llegaría de fábrica con un acabado perfecto y que solo fue a los diez años de vida cuando empezó a darme guerra... sí, diez años, lo que tarda cualquier electrodoméstico en estropearse. Pero lo malo de mi alma es que no se volvió inservible a la primera, no, fue muy poco a poco.

Primero, le salieron bolas en las partes más expuestas, igual que las de los jersey a la altura del pecho o de la tripa, según. Luego, llegaron los rotos de grandes caídas y los zurcidos correspondientes cada vez más toscos. Cuando después de un tropezón mío en aguas fecales quise lavarla, no encontré en su interior la etiqueta con las recomendaciones de limpieza y secado y, al no saber exactamente de qué estaban hechas las almas, decidí arriesgarme dando a la tecla del programa "almas muy sucias" ; el resultado fue desastroso, mi alma había encogido de tal manera que no me abrigaba en invierno y me estorbaba en verano. Y así fue como la deje olvidada en el fondo de un armario, hasta hace unos días cuando, en plena limpieza primaveral, volví a encontrármela. Las polillas habían dado buena cuenta de ella y no quedaba más que migajas de alma que junté como se hace con las de pan en las cenas aburridas. Conseguí una bola de color grisáceo y olor a caducado, pero no importaba y decidí venderla al diablo. En épocas de exceso de desalmados se pagan fortunas por cualquier cosa que tenga un ligero parecido con un alma y el diablo lo sabe. En cuanto la puse a la venta, Lucifer apareció.

29/01/2013 08:07 dominiquevernay #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Justicia Roberval

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Ilustración - Ilustración del Antiguo grabado de la balanza Roberval aislado en un fondo blanco. Industrial enciclopedia E.-O. Lami - 1875. 

Justicia Roberval

Aunque fuera del año catapún, la balanza de mi abuela era, según ella, el Stradivarius de las balanzas. La había tenido durante años en su tienda de ultramarinos en el pueblo y, cada vez que intuía en la mirada de sus clientes una sombra de duda sobre unos gramos de menos –que para los gramos de más no había nunca ni sombra ni luz– les recordaba, con aires de suficiencia que le despeinaban los pelitos del bigote, que su balanza era:

–¡Una Roberval!

Efectivamente, la balanza de mi abuela no era una cualquiera. Pesar un kilo de patatas con una Roberval no tenía nada que ver con hacerlo con una balanza made in V.U.S*; ennoblecía y revestía la medición de tal solemnidad que, aunque nadie más que mi abuela supiera a qué venía eso de comparar violines con balanzas de platillos, hubiese sido una grosería y un sinsentido seguir dudando de su precisión.

            Está claro que yo no soy una Roberval. No quiero decir con eso que yo sea una cualquiera, pero sí, que nada de lo que pueda decir tiene peso y, por si acaso no me creen, se lo voy a demostrar.

            Pongamos que les diga que robar un huevo es igual a robar un buey. Se reirán de mí y me llamarán loca. Sin embargo, revistamos ahora esa aparente memez del huevo y del rey... perdón, del buey, con la solemnidad del veredicto pronunciado por un hombre con toga o por otro con sotana. Entonces, seguro que se dejaran de guasa y no les cabrá la menor duda de que el dicho francés «qui vole un oeuf vole un boeuf*» es una gran verdad, algo tan evidente como que uno es igual a uno. ¡Ya ven!

 * VSA: Vaya Usted a Saber

*Qui vole un oeuf vole un boeuf: quien roba un huevo roba un buey

31/01/2013 10:45 dominiquevernay #. sin tema Hay 1 comentario.


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