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Se muestran los artículos pertenecientes a Marzo de 2014.

Cyanistes caeruleus ( el herrerillo común)

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Para que el herrerillo amigo mío se pose en la terraza aun estando yo, adopto posturas de tendedero, cara de geranio y peinado de escoba, pero, ni con esas. A mi herrerillo no le engaña nadie, distingue perfectamente los seres inanimados de los otros... mientras que mí me resulta cada vez más complicado.

13/03/2014 17:11 dominiquevernay #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

La suavidad de los diminutivos y la dureza del adverbio

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Hay un secreto que solo comparto con mis nietos: me tiño el pelo. Les encanta amenazarme con que se lo van a decir a "todo el mundo" y yo les ruego que no lo hagan.
-¡No, por fa no! -les suplico-. No quiero que la gente se entere.
-Pero... ¿por qué, Memedó? Se ve perfectamente que eres mayorcita, tienes arruguitas en el cuello.

13/03/2014 17:20 dominiquevernay #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

AVISO IMPORTANTE

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El 14 de marzo, la puerta de acceso al patio interior permanecerá abierta desde las 10 de la mañana hasta las 20h del mismo día. Se ruega a todos los propietarios e inquilinos pasen a recoger lo que se les haya caído. Se recuerda que lo que no haya sido recuperado a tiempo será llevado al contenedor de los sueños imposibles, para su posterior incineración.

(Inspirado en la foto de JeeYoung Lee y escrito para "Viernes Creativo", una iniciativa de Fernando Vicente)

15/03/2014 10:39 dominiquevernay #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

El rumiante (Del mito de Dido)

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(... La astuta Dido cortó entonces la piel de un toro en pequeñas tiras y demarcó el lugar sobre el que fundaría la ciudad de Cartago.)

 

EL RUMIANTE

Saltaba a la vista que Siqueo era el soltero más trabajador y menos agraciado de la oficina, y Elsa, la soltera más solterona. Era fácil pensar, pues, que tarde o temprano, Elsa se plantease casarse con el pobre Siqueo, que suspiraba de amor cada vez que la no tan joven oficinista pasaba a menos de cinco metros de su mesa; a más distancia no se daba cuenta de su presencia, aparte de muy miope era algo sordo. «Podré presumir, como cualquier otra mujer, de marido, casa e hijo», pensaba Elsa, «y si bien es verdad que más me valdrá no enseñar fotos de Siqueo ni de su retoño, siempre podré mostrar las de nuestra casa que quiero más grande y más lujosa que todas las de mis compañeras.»

Elsa anunció su compromiso con Siqueo con mucha solemnidad, en el transcurso de un lunch, al que, por cierto, Siqueo no pudo asistir; trabajaba.

–Nos casaremos cuando hayamos podido comprar una casa en el mejor barrio de la ciudad –le había dicho Elsa al enjuto novio.

El hombre no se lo había hecho repetir dos veces. De inmediato, había buscado otro dos empleos, uno de vigilante de noche en unos grandes almacenes y otro de camarero los fines de semana y fiestas de guardar.

A tantas horas de trabajo y tan pocas de sueño, había que añadirles las tristes comidas que Siqueo hacía, sentado en un banco del parque junto a la oficina, nevara o hiciera un sol de asar.

Y como es de suponer otra vez, nuestro enamorado al que todos empezaron a llamar «el rumiante» –por ese masticar de bóvido que tenía, allí solo en su banco, la mirada fija en un bocadillo de pan correoso– adelgazó y adelgazó tanto, que de la piel que le fue sobrando de cada parte de su cuerpo se hubiese podido recortar kilómetros de tiras y, con ellas, circundar el mundo.

26/03/2014 09:53 dominiquevernay #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

En niño, el guijarro y el lunes

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-¡Vamos, despierta!...

-¡Vamos, levántate!...

-¡Vamos, vístete!...

-¡Vamos, desayuna, lávate los dientes, ponte el anorak, anda más rápido!...

-¿Y ahora qué?, ¿qué te pasa? Vas a llegar tarde.

La mano del niño acaba de dar con la piedrecita que encontró en la playa, ayer, domingo, mientras paseaba. Ahí está, escondida en el bolsillo de su anorak, tan suave, tan redondita como un caramelo.

-¡Vamos, que la seño te va a reñir!

El niño aprieta con fuerza el guijarro en su mano.

-¡Deja de gritarme!... que si no... si no... -le dice a esta voz que le ladra de continuo y, sacando aquel trocito de domingo cálido en su mano, sigue amenazándola.

-¡Deja de molestarme o... o tiro esta piedrecita para que veas!...

Entonces, el pequeño arroja el tesoro pétreo que vuela de rabia hasta estrellarse demasiado lejos.

-Pues mira que bien -le dice la voz-, te quedaste sin la piedra.

El pecho de niño se llena entonces de una pena que pesa lo que mil guijarros, mientras su mano vuelve a un bolsillo vacío.

26/03/2014 09:56 dominiquevernay #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Terrores policromáticos

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No es sorprendente que un vampiro te salte a la yugular. Tampoco es nada del otro mundo que los zombis anden cómo lo hacen ni que los marcianos sean verdes. Pero que él llegue a la cocina arrastrando los pies, y que, por no encontrarse con el café servido en aquella taza suya «de toda la vida», se ponga negro, luego rojo de tanto gritar, esto, sí, asusta de verdad.

26/03/2014 10:08 dominiquevernay #. sin tema Hay 2 comentarios.

Técnicas de iluminación*

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Cubriendo una de las dos mesas de la sala de espera del pediatra, los juguetes y cuentos sobados parecen armas de guerra bacteriológica. En la otra, las revistas del corazón dispuestas en forma de abanico muestran sus portadas, como un viejo pavo real sus plumas. Después de medir la nocividad de los dos posibles entretenimientos, el padre del pequeño opta por las revistas; él mismo pasará las páginas con cuidado de no recurrir al truco del dedo mojado. 
—¡Mira qué bonito! —dice el padre al abrir la revista en un anuncio de colchones.
El niño se asoma a la imagen como solo saben hacerlo los niños, mientras los ojos del padre se deleitan, evidenciando la importancia de una buena iluminación para resaltar ciertos detalles.
—¿Qué te parece, amigo? —pregunta el hombre después de unos segundos de concentración mutua—. ¿Te gustaría que Bambi te despertase así por las mañanas?
—Papáaa... Bambi no existe, es de mentira —contesta el pequeño enarcando las cejas—. ¿Pero sabes qué?... Cuando sea mayor y pueda beber cerveza, yo también me haré «tattoos». 
Dominique Vernay

*Un guiño al título del fantástico libro de Eloy Tizón 
Escrito para los "viernes creativos" de Fernando Vicente.
Foto de Eric Morales.

29/03/2014 11:47 dominiquevernay #. sin tema Hay 2 comentarios.


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