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Se muestran los artículos pertenecientes a Noviembre de 2014.

Cutícula

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Está sentada en el borde de la silla y solo deja de morquisquearse las uñas para echar miradas furtivas a su alrededor. Parece una ardilla husmeando el aire para adivinar de dónde le va llegar el peligro. De vez en cuando también, hace una mueca de dolor y se mira el dedo del que acaba de arrancar otro trocito de uña. Con la espalda pegada a la silla el hombre la observa, en silencio, como un halcón observa a su presa desde un acantilado.

¿Qué van a tomar? —les pregunto.

Ninguno de los dos me ha visto llegar y parecen sorprendidos, luego, desconcertados,  como si les hubiese dicho: «abran la boca y digan aaa...».

—¿Qué van a tomar? —les vuelvo a preguntar.

Ella reemprende su festín de uñas interrumpido por unos segundos, y el hombre se incorpora en la silla. Al hacerlo su sombra se abate sobre la ardilla que acaba de llegar a la cutícula de su dedo corazón.

De los labios de la joven cuelga un pellejo sanguinolento.

02/11/2014 13:25 dominiquevernay #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

El perfeccionista — Retrogusto (dos relatos para una misma frase inicial)

El perfeccionista
El muñeco fue el primero en cerrar los ojos; parecía estar durmiendo una plácida siesta en medio de aquel horror. El fotógrafo disparaba sobre todo lo que atrapaba en su visor, pero al verlo, soltó la cámara que se le quedó colgando del cuello mientras lo recogía. Después de arrancarle una pierna y de retorcerle la otra, le sacó un ojo, le embadurnó la cara con ceniza y le desgarró la ropa. Luego, volvió a colocar el muñeco entre escombros y cuerpos humeantes; todo estaba listo para la foto. (Escrito para REC)

Retrogusto
El muñeco fue el primero en cerrar los ojos; ella tardaba siempre un poco más en dormirse. De nuevo tendida en su lado de la cama, cogió un cigarrillo de la mesita de noche y, antes de encenderlo, se pasó la lengua por los labios; una pasada, ni una más. El sabor amargo del látex podía enseguida con el dulce de la fresa. (Escrito para REC)


29/11/2014 16:57 dominiquevernay #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

La nueva (de cuando te piden que describas un color)

La nueva

            Nos gustaba mucho la nueva profe de lengua. Los ejercicios que nos mandaba no eran de esos aburridos en los que tienes que decir si una palabra es pronombre o verbo o adjetivo, hasta que un día...

            —Tenéis que describir el color de esta cartulina —había dicho a la vez que nos la mostraba.
            Sabíamos cómo describir a una persona o un paisaje, porque lo habíamos hecho en ejercicios anteriores, pero describir un color, sin comparar el amarillo con el sol y el rojo con un tomate maduro, nos pareció muy complicado por no decir imposible.
            —Empezaré yo —dijo la profe novata—. Cuando veo este color pienso en el ruido de una ambulancia en la noche, por lo tanto, puedo decir que este color «estridula».
            —Ya sé, ya sé —dijo entonces Alma, la empollona de la clase—, y a mí me parece que duele como una pelea en el patio.
            —Muy bien, Alma, lo has entendido. ¿Quién más puede describir con otras sensaciones el color de esta cartulina? —preguntó la profe.
            Varios dedos se levantaron.
            —Escuece como una gota de jabón en los ojos —dijo uno.
            —Y huele como la bodega de mi tío de Logroño —dijo otra.
            —Es áspero como la lija —murmuró el tímido del pupitre junto a la ventana. 

            —¿Y a ti, Álvaro? —preguntó la profe—, ¿no se te ocurre nada? Hemos hablado del sonido de este color, de su olor, de su tacto... tal vez podrías definirnos su sabor.
            Álvaro era desde siempre el graciosillo de la clase y no podía defraudar a su público; entrecerró los ojos unos segundos, luego se sonrió de medio lado como lo hacía cada vez que se disponía a soltar unas de sus chorradas.
            —Sabe a labios de puta.
            No hubo más que intentos de risillas. Álvaro se había pasado de la raya, como si se hubiera saltado un stop y hubiese atropellado a la profe. No terminaba de llegar la ambulancia y los niños miraban a la profe, luego, a su compañero aún de pie, desafiante.

            Como un silencio embarazoso, como unas mejillas encendidas, como una herida.

 

 

29/11/2014 16:59 dominiquevernay #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

La niña que se creía mayor

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Eso del amor no tenía ninguna lógica, al contrario que el aterrizaje de aquella mosca en el tarro de mermelada dejado abierto por su hija. 
La niña que se creía mayor se había levantado de la mesa sin terminar de desayunar.
—Tengo quince años y lo lógico es que dejes de agobiarme —le había espetado.
Ahora, la oía abrir cajones, cerrar puertas y maldecir al mundo entero. Mientras tanto, la mosca había salido del tarro y se frotaba las patas, minuciosamente; de un manotazo podía aplastarla. El hombre suspiró, cerró el tarro y se levantó para abrir la ventana. (Escrito para REC)

29/11/2014 17:03 dominiquevernay #. sin tema No hay comentarios. Comentar.


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