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Desmesura

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Bernarda había sido siempre muy exagerada: no le dolía la cabeza, le estallaba, no le molestaba el estómago, le ardía, no tenía pupas en la boca, tenía llagas... Aquella noche era la cuarta vez que Martirio acudía al lado de la vieja para satisfacer una más de sus exigencias.
— Pásame la bacinilla—mandó—, llevo un siglo llamándote y la vejiga a punto de reventar. 
Las palabras salían a cuajarones de su boca desdentada. 
—Luego, dame unas gotas de láudano y aguarda a mi vera. 
Martirio no tenía sueño, se moría de sueño. Martirio no solo no quería a su madre sino que la odiaba, y sabía de sobra que ocho gotas hubiesen sido suficientes.
(Texto escrito para los Viernes creativo de Fernando Vicente, fotografía de Josephine Cardin)

 

22/05/2015 19:23 dominiquevernay #. sin tema

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gravatar.comAutor: Javier Ximens

Cuánto de estos casos hay en la realidad, esas madres coñazo. Y la imagen te ha inspirado a la inversa, es la madre la que le está clavan puñales a la hija.

Fecha: 02/06/2015 13:09.


Autor: Dominique

y lo malo es que se creen perfectas, son las más seguras de sí mismas...

Fecha: 03/06/2015 17:07.


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