Facebook Twitter Google +1     Admin

Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2015.

Auténticos

20150430101912-10944824-959241380775054-1245298853968420352-n.jpeg

Auténticos
Cuando te citan a las ocho de la mañana para pasar la ITV te cagas en todo, pero luego te alegras de haber salido de la cama a tiempo para encontrarte con los auténticos madrugadores. En los paseos y caminos acondicionados para los deportes aeróbicos —que serpentean entre humos surrealistas y pestilentes— caminan en grupo o en solitario sin medidores de pulsaciones ni ropa deportiva high intensity. Van con lo primero que han pillado —las últimas Nike Running del 45 de un nieto mimado que ya no las quiere, unas mallas de hace cuatro años de cuando una pesaba diez kilos menos... —y andan, como alumnos aplicados, en las luces de una mañana borrosa. Los observo. De repente, en una curva del carril bici aparece otra deportista; lleva un abrigo de paño gris con cuello de piel sintética negra, unas medias de nailon color carne y unos zapatos de medio tacón recién lustrados. Sujeta el bolso como si lo llevará a pasear, como si antes de ir a misa o al ambulatorio a por unas recetas hubiese decidido sacarlo a «hacer un pis». Entonces me doy cuenta de que mi comparación es una mierda de comparación: lo que de verdad lleva la mujer en la mano es la Antorcha Olímpica.

10/04/2015 10:18 dominiquevernay #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Mujer decorativa de apartamento

20150430100501-22484-959686350730557-6150567134883391894-n.jpg

Uno de los inconvenientes del cultivo en raíz flotante, como pasa en todos los modos de cultivo, es que la mujer debe mantenerse en constante cuidado y, por lo tanto, se recomienda que todo el manejo sea automatizado, ya que si llegara a faltarle oxigenación al agua, la mujer entraría en estado de estrés y podría morir. (Fotografía de Gregory Crewdson.)

11/04/2015 10:03 dominiquevernay #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Raíces flotantes

Había vuelto después de treinta largos años en el exilio, pero no pudo abrazar a la gente que fue a recibirla, ni bailar en las fiestas que habían preparado en su honor. Pero eso se lo perdonaron; ¿qué se podía esperar de alguien que solo volvía con la mitad de lo que había sido? Otra cosa muy distinta fue que no llorase de emoción y permaneciera serena con los ojos fijos en no sabían qué otra realidad. 
—Que vuelva por donde ha venido —dijeron todos.

11/04/2015 10:04 dominiquevernay #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

En un mismo saco

Procuraba no perder sujetándole las nalgas.
—¡Vamos!... que como perdamos te voy a patear el culo como nunca.
Entonces, Antonio —el Cebo para todos— intentaba saltar lo más lejos que los kilos y aquel maloliente saco le permitían. Cada vez que conseguía hacerlo mejor, la fuerza de las manos de su compañero en su trasero iba disminuyendo, pero, al poco volvían los abucheos del público y los manoseos en sus nalgas de manteca. Sin embargo, Antonio no iba a llorar, nunca más lo haría; solo le bastaba pensar en la navaja escondida en los vestuarios, entre los pliegues de su toalla. (Escrito para REC)

15/04/2015 12:08 dominiquevernay #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

El pensador de Rodin

20150430100300-dsc-4215-198x300.jpg

Empezaba a notar cierto cansancio y, al igual que yo, la mayoría de los visitantes del parque de la naturaleza de Cabárceno. Eran las tres de la tarde. Merenderos y cafeterías habían sido tomados al asalto, pero había traído lo necesario —bocadillo y fruta— para no tener que meterme de lleno en aquel follón y disfrutar en paz de mi tentempié casero. Entré pues en uno de los recintos que se encontraba en mi camino. No había nadie y tampoco parecía haber mucho ambiente detrás de la gran cristalera de la que colgaba un cartel: «gorilas occidentales». Me senté en el bordillo en el que se asentaba dicha cristalera, y justo cuando me preparaba a dar un primer mordisco a mi piscolabis, noté que alguien me observaba desde el otro lado. Era un gorila macho, un «espalda plateada» realmente hermoso. Se acercó a mí y se sentó justo enfrente de donde me encontraba. Durante unos minutos, siguió con interés cada uno de los movimientos que hacía para llevarme el bocadillo a la boca, beber de la cantimplora y limpiarme la pechera de unas cuantas migas. Su mirada era tan inteligente que ya no sabía de qué lado del cristal estaba yo; tal vez estuviera escrito «mujer europea» en el reverso del cartel. Empezó a incomodarme la intensidad de aquella mirada en la que veía reflejadas mis propias preguntas y, como buena humana que soy, opté por la burla haciéndole mi mejor mueca simiesca. Al momento, me pareció ver tristeza en su ojos color miel y, con repentinas prisas, me levanté para recogerlo todo e ir a perderme entre mis demás ruidosos congéneres. Entonces, él también se puso en pie y fue a posar su enorme mano contra el cristal. Imité su gesto y no podría decir cuánto tiempo permanecimos así, sin cristal de por medio, las palmas de nuestras manos unidas así como nuestras miradas, fuertemente unidas por las cadenas de nuestros ADN. 
—Mira esta señora —murmuró una niña a la que no había oído llegar— está llorando.

30/04/2015 10:02 dominiquevernay #. sin tema No hay comentarios. Comentar.


Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris