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Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2015.

Bienvenido a casa, hermano

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El bate ,«¡Eso bate!», se le resbalaba de las manos pringosas de boñiga de vaca. Después de haberlo dejado en su sitio, se acercó a la repisa de los trofeos, despacio; sus andares de cojo en el viejo suelo de madera podían delatar su presencia en el dormitorio.«¡Eso copa, copa de Scott!», se exclamó de nuevo salpicándolo todo de perdigones. «¡Eso mear, mear en la copa!», repitió compulsivamente mientras se desabrochaba la bragueta del peto. Abajo, Brenda se afanaba en la cocina, solo faltaba una hora para la llegada de «su»Scott y el pudding sin hacer, y Ben que no le traía los huevos del corral, y ella que se preguntaba, ¿dónde se habrá metido ese cretino? (Escrito para REC)

15/09/2015 12:45 dominiquevernay #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Orgánico

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Al abrir el contenedor, se dio cuenta de que estaba empezando a olvidar el nombre de las cosas. Al atardecer, justo antes de que vinieran a darle la pastilla de los sueños en blanco, y después de liberarse de las ataduras de la otra, de la roja que le tenía postrado gran parte del día, le gustaba levantar la tapa de aquel contenedor y hurgar en él un rato, nombrando una a una cada persona y cosa que de allí sacaba. 

 —Adela, fresa, mar... 

Las palabras quedaban prendidas unos segundos de sus labios bembones, luego iban a morir en las comisuras de su boca, convertidas en una pasta blanca y reseca. (Escrito para REC)

 

15/09/2015 12:47 dominiquevernay #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Adelaida

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Nunca nadie había podido entrar en su «santuario», así llamaba él a la habitación más espaciosa de la casa, pero también, es cierto, la más oscura y fría. A la muerte de su mujer, lamentable contratiempo que le mantuvo ocupado más de dos días, decidió contratar a una doncella que hiciera lo que su abnegada Agnes había sabido hacer con tanta discreción durante treinta años. Antes de dar con la sustituta ideal tuvo que despedir a varias: unas por vagas, otras por descaradas, pero cuando por primera vez abrió la puerta a Adelaida supo que no tendría que buscar más. Tenía una mirada de halcón, una mirada tan penetrante como la de la pieza más hermosa de su colección de animales disecados. A partir de entonces dejó la puerta de su santuario abierta, y cada tarde al anochecer pedía a Adelaida que le ayudase en sus menesteres de taxidermista. Adelaida se sentaba a su lado y le iba pasando tijeras, pinzas u ojos, según él se lo iba pidiendo. El hombre no se distraía ni un segundo, salvo para mirarla chupetear los ojos blandos para peces. (Escrito para los Viernes Creativos de Fernando Vicente, fotografía de Albert Shommer)

15/09/2015 12:48 dominiquevernay #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

La siesta

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En cuanto nos dan las vacaciones, mi madre saca los bártulos para ir a la playa, así como su estúpida regla de las siestas obligatorias de cuatro a seis de la tarde. 

 —La playa cansa mucho. 

Protesto, pero no sirve de nada; por una vez mi padre no se pone de mi parte. Él también insiste en que les deje en paz; se ve que a los dos les encanta la siesta.
Tengo calor, la cama es un horno y tengo que cambiar constantemente de posición para no quemarme. Levanto un brazo, luego una pierna, ahora bocabajo con las dos piernas extendidas, ahora boca arriba con las dos recogidas y las rodillas en forma de montaña. Balanceo la montaña hacia la derecha, hacia la izquierda, la derecha, la izquierda... despacio, despacio, ahora un poco más rápido, más...  
—Anda, levántate, con una hora basta —me dice mi madre que entra de sopetón y de muy buen humor en mi habitación.
—No te creas, estoy un poco cansada —le contesto con una vocecita que no me reconozco. 
—¿Qué te ocurre? A ver si tienes fiebre.
Mi madre me toca la frente, mientras yo sigo apretando muy fuerte las dos laderas de mi montaña.(Escrito para los Viernes Creativos de Fernando Vicente, foto de Sydney Sie)

19/09/2015 16:41 dominiquevernay #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Abolladura

«¡Cuánta fuerza y qué poca puntería!», dice con una mueca simulando desdén. El chico no contesta y sigue tirando piedras hacia el poste «prohibido bañarse» clavado en la otra orilla del río. «Y no me esperes mañana, ni mañana ni ningún otro día», añade Alicia mientras se levanta y se sacude hierbajos del vestido y de la melena. El chico permanece callado. No la mira marcharse. En la senda de vuelta al pueblo Alicia camina de prisa. De repente, en el silencio acolchado de la tarde de verano, el golpe seco de una piedra contra un poste. Nadie lo ha oído.

(Texto con el que llegué a finalista de REC)

22/09/2015 15:16 dominiquevernay #. sin tema Hay 3 comentarios.


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