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Formas

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Al poco de la muerte de mis padres, mi hermana y yo decidimos vender el piso; vagar por aquellos noventa metros cuadrados huérfanos era demasiado doloroso, como para no querer deshacerse de él lo antes posible. Sentadas a la mesa del comedor, solo nos quedaba escoger lo que cada una conservaría del mobiliario.
Enseguida nos pusimos de acuerdo —mi hermana y yo tenemos gustos muy diferentes—, ella se llevaría la mesa de castaño macizo (a la que estábamos sentadas); yo prefiero los muebles ligeros que no tienen la pretensión de durar más que yo. 
—Pero, si no te importa, déjame el hule. 
Mi hermana me miró sorprendida y se rió.
—¿Este hule tan horrible? —preguntó a la vez que pasaba la mano unas cuantas veces sobre sus dibujos caleidoscópicos—; además está agrietado.
Me disponía a recordarle que aquí sobre este hule habíamos hecho los deberes durante años, a la vez que jugábamos a encontrar formas entre tanta geometría; que primero habían sido flores, luego, cuando de la multiplicación pasamos a la división, corazones, luego, labios, y que un día, mientras nos adentrábamos en el mundo de las raíces cuadradas, una de las dos había visto algo que solo se podía nombrar en voz baja; todo esto me hubiese gustado recordarle a mi hermana, pero ya se había puesto de pie y se iba. (Escrito para los Viernes Creativos de Fernando Vicente)

31/01/2016 11:43 dominiquevernay #. sin tema

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