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Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2016.

Puñetitas

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Deja unos puntos suspensivos en el cenicero que está encima del frigorífico, junto a dos aspirinas, un clip, un goma verde de manojo de espárragos, unas cuantas pelusas, un llavero, un botón de repuesto cosido a una etiqueta... 
—No los dejes allí —le dice su mujer—, que luego la abuela quiere echar mano de una aspirina, se confunde y se los traga sin querer. 
Pero él... ni caso; sabe que con uno solo que se tome no le pasará nada, con dos tampoco, y con tres... ¿quién sabe?
(Escrito para REC)

05/04/2016 16:07 dominiquevernay #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

En su punto

Deja unos puntos suspensivos en remojo toda la noche aunque, al igual que con las lentejas, no está muy seguro de que sirva para algo. Lo que sí tiene más claro es que en el agua de remojo se solubilizarán suspense, duda, temor, ambigüedad, complicidad, sorpresa, ironía..., así es que no la tirará; sería desperdiciar lo mejor, por mucha flatulencia que luego le produzca.(Escrito para REC)

07/04/2016 11:08 dominiquevernay #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Preparados, listos... ¡ya!

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Mi nuevo papá es un oso y mamá dice que le tengo que querer mucho. Mi otro papá, el primero al que tuve que querer, es un lobo. A veces los dos me están esperando a la salida del cole y se pelean por llevarme a casa. Mi primer papá es el más astuto, ¡tanto!, que creo que es un zorro disfrazado, y que, por eso tal vez, llama "zorra" a mamá. Sin embargo, se equivoca el zorro si cree que me va a convencer trayéndome regalos babeados. Así es que les dejo discutir un rato, y cuando me aburro de tanta tontería de "a ver quién lo tiene todo más grande", les mando echar una carrera y, según me dé la gana, me voy de la mano del ganador o del otro.
(Escrito para los Viernes Creativos de Fernando Vicente, foto de Kevin Peterson)

12/04/2016 08:44 dominiquevernay #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Por detrás

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He cambiado de peluquería pero... ni cambiando. A mí me gustaría encontrar una en la que cada butaca estuviera separada de las demás por un biombo o un murito, y no tener que ver los dedos de los pies de la señora de al lado, abiertos en forma de abanico y separados los unos de los otros con trocitos de papel de aluminio mientras se los van «amasuñando». No puedo evitar pensar que son como diez diminutos extraterrestres malvados que mandan información a una nave nodriza y que, con las pintas que tenemos, recibirán en breve la orden de aniquilarnos. 
Ya sé que son imaginaciones mías y que soy una malpensada, pero no me puedo creer eso de que las muecas que hace la peluquera cuando se acerca a mi —por detrás— para juguetear con mechones de mi melena, estirando, soltando, estirando, soltando... sean signos de verdadero interés por conseguir hacerme más guapa, y me pongo a temblar cuando entre suspiros y estalliditos de globos de chicle con olor a fresa me dice:
—A ver lo que se puede hacer.

12/04/2016 08:48 dominiquevernay #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Fanfa y yo

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Un buen día se esfumó y no supe más de ella en diez años. Era mi mejor amiga, que no por nada se había ganado el apodo de Fanfa(rrona) en el instituto, y si por una parte su desaparición me dolió, por otra fue una especie de liberación; en aquella época yo no tenía nombre propio, todos me llamaban « la amiga de Fanfa».  

Trabajo de cajera en un supermercado y, aunque los jefes nos manden ser amables con los clientes, nos recuerdan que lo único que nos debe importar de ellos son sus manos; una vez comprobado que tienen los dedos necesarios para el trajín ese de sacar, colocar, recoger, buscar, abrir, cerrar... ¿para qué querer saber más? Y por esa razón no me fijé en Fanfa, hasta oírla decir al que la acompañaba «yo lo suelo comprar en otra tienda mucho mejor»; de la emoción tuve que sentarme en esos taburetes altos que tenemos las cajeras, pero que solo podemos utilizar en caso de muerte súbita. 

Después del montón de estupideces, que se suelen decir en esos tipos de reencuentros, quedamos —o quedó ella, no lo recuerdo— en vernos al día siguiente.  

—En el bar de siempre —me dijo. 

—Se quemó hace ya cuatro o cinco años —le contesté. 

—Pues en el de al lado —me dijo. 

—Vale —le contesté. 

—A la una —me dijo. 

—Vale —le contesté. 

Diez años son muchos años, o pocos, según y cómo se mire, y sentada frente a Fanfa y a una cerveza «de importación, riquísima» que me estaba sabiendo a rayos —yo prefiero las claras con casera—, tuve la extraña sensación de que se me iban encogiendo las piernas, los brazos, los dedos... a la vez que encogían también aquellos diez años.           

Mientras tanto Fanfa hablaba, hablaba... dándose "humos" como siempre lo había hecho y, cuando me quise dar cuenta, ya tenía ante mí al camarero presentándome el tique como un cura la ostia. Otra vez lo había hecho la muy puta, y me tocaba pagar.  

(Escrito para los Viernes Creativos de Fernando Vicente, foto de Silvia Grav)

16/04/2016 15:04 dominiquevernay #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

El lego

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           —¿Te ha gustado?

            Se lo pregunta así, como si estuviesen en un cine y se acabara de encender la luz.

            —¿Te ha gustado? —insiste sin pudor alguno, con una mirada de niño mimado e impaciente pidiendo el último Lego para su colección.

            Pero a ella nunca le gustaron los niños mimados y menos aún después de una larga jornada de trabajo teniendo que aguantar a todo dios. El querubín sigue a la espera de un sí sensual y largo, espera algo que llevarse a los oídos para presumir ante los amigos y, de repente, la mujer se siente generosa y decide comprarle el puñetero Lego; solo tiene que fingir un poco más y, mientras le susurra un «ha sido maravilloso» de plástico, repite mentalmente la última frase de la novela que, esta mañana mismo, ha quedado abierta en su mesita de noche junto a un consolador y un pañuelo: «Era demasiado tarde.»

23/04/2016 10:51 dominiquevernay #. sin tema No hay comentarios. Comentar.


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