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Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2016.

Atar cabos (Lidia)

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Mucho antes de la época actual en la que la belleza es directamente proporcional al volumen de los labios, había en mi calle dos mujeres que nunca hubieran salido sin llevarlos pintados: mi madre y nuestra vecina Gabriela. Otro hecho singular era que Gabriela y los suyos, venidos de no se sabía bien dónde, eran protestantes en un pueblo de católicos convencidos o de pacotilla, pero católicos, todos.
Lidia —la hija menor de Gabriela— y mi hermana se pasaban horas jugando a la goma. Tensaban la cinta elástica entre el tronco del tilo más cercano a nuestras casas y los tobillos, las pantorrillas, las rodillas, la cintura... de la que hacía de segundo pivote. En más de una ocasión me habían propuesto que jugase con ellas, pero tener dos años más era razón suficiente para rechazar el ofrecimiento, sobre todo si se es patosa. 
Lidia tenía unos grandes ojos verdes, la tez muy clara y unas largas piernas desproporcionadas en su cuerpo de niña; sus movimientos recordaban los de los cervatillos al dar sus primeros pasos, pero pese a su aspecto frágil saltaba alto, muy alto. Siempre ganaba.

Cuando empezó a quejarse de dolores en la tibia derecha, se buscó en vano las señales moradas de un golpe y, cuando le fue imposible poner el pie en el suelo, mi hermana y ella doblaron con cuidado la goma y buscaron un hueco en el tronco del tilo.
—Aquí nadie la verá. Para cuando esté bien —dijo Lidia; luego dejó las dos muletas en una esquina del zaguán de su casa y se despidió.
Pero la cinta se fue cuarteando en el hueco del árbol, y Lidia y mi hermana nunca más pudieron competir a ver quién de las dos saltaba más alto. 
El día del entierro de la niña nos vestimos todos con colores oscuros y, por primera vez, vi a mi madre salir a la calle con los labios sin pintar. 
—Sería de muy mal gusto —me explicó.
Cuando en un silencio de paisaje nevado salió Gabriela detrás del ataúd, parecía haberencogido, fantasmagórica entre tanto velo negro. Sin embargo, al pasar a nuestro lado levantó la cara, y pudimos ver la mancha roja de su carmín; sus labios como una fina herida sangrante.
Miré hacia mi madre. Ella también estaba apretando los labios; sus labios como un reproche marmóreo, mientras yo ataba cabos sobre protestantismo, mal gusto y barras de labios.

04/09/2016 10:28 dominiquevernay #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Exasperaciones

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Entre muchas otras movidas, me exaspera que se nuble justo cuando llego a la playa, que un martes por la tarde sepa a lunes, que llamen mantequilla a la margarina y que los rabos de cucharilla Ikea se metan en los agujeros de sus escurridores.

04/09/2016 10:35 dominiquevernay #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Los resultados

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Llevan más de una hora en aquella sala de espera. Nadie habla y solo se puede oír el crujido de las páginas de una revista que va pasando Rodri. La revista abulta más que él.
–Mira, papá, tiene las mismas botas que tú –dice señalando con el índice una foto. Habla bajito pero de vez en cuando se le va la voz; el "tú" le ha salido en un gallo, y mira en derredor por si alguien le está mirando.
–Sí, tienes razón.
–¿Pero por qué está sentado en medio de la carretera?... lo van a...
La puerta de la sala se abre y Rodri tiene que dejar la revista y, de la mano de su padre, seguir a la mujer de la bata blanca por un largo pasillo; una línea amarilla pintada en el suelo, y en la que aparecen cada dos metros la palabra "PEDIATRÍA", les indica el camino a seguir... ¡como si no lo conocieran ya bien!
–Sabes, Rodri, el tío de la foto está sentado en medio de la carretera porque tiene superpoderes y no puede pasarle nada malo ni a él ni a sus hijos.
–¿Podría con un camión?
–Por supuesto que sí... y con dos también.
El niño le sonríe y entra en el despacho 231 con los brazos abiertos e imitando el ruido de Superman volando por encima de los tejados.
(Escrito para los Viernes Creativos de Ana Vidal, foto de Laura Austin)

04/09/2016 10:37 dominiquevernay #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Las albóndigas

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No quiso regalos caros para su nonagésimo cumpleaños, solo pidió a sus hijos que vinieran a comer con ella.
—Pero sin nadie más, como cuando eráis pequeños.
Las respectivas parejas de los cuatro se mostraron benévolos con la anciana que los excluía; era evidente que chocheaba, además, "no vamos a perdernos gran cosa", dijeron.
Cuando llegó el día, la mujer lo preparó todo tal como lo solía hacer sesenta años atrás: el mismo mantel, las mismas cosas ricas que le gustaban a Rita —que se pondría a su derecha—, a Andrés —que se sentaría a su izquierda, al lado de Miguel y enfrente de María. 
A la hora prevista los cuatro llegaron a la vez y, sin que hiciera falta decirles nada, se sentaron en sus sitios de "siempre antes".
—¿Eres feliz, mamá? ¿Es este el regalo que querías? —le preguntaron con ese tono de voz que se emplea con los locos y los niños.
Ella no contestó, sonrió y empezó a comer. Era una mujer muy educada y no era cosa de echar a la calle a esos cuatro impostores que decían ser los que no eran, esperaría hasta después del café; al servirles las albóndigas le había puesto una de más a Rita, y ninguno de los otros tres había protestado.

04/09/2016 10:50 dominiquevernay #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

DECÚBITO PRONO

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«El masajista no tardó en reconocer aquel lunar bajo la nuca» y pensó en llamar a Jazmín para que le sustituyese, pero la mujer «lunática», que ya había sentido las manos del hombre deslizarse por su musculatura de alfombra ajada, se tensó para hablar con la cara fuera del agujero de la camilla.

—Tuve un jardinero que sabía más de masajes que de rosas; era un chiquillo, quería poder estudiar y yo le pagaba bien sus servicios. Un día desapareció. Le daba asco, me dijeron.

La mujer se carcajeó y volvió a hundir la cara en el vacío. El masajista se limpió las manos de aceite. Luego un crujido, luego nada.

(Escrito para REC)

13/09/2016 09:57 dominiquevernay #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Halitosis

 

Era la primera vez para todas, la primera vez que íbamos a ir a confesarnos y estábamos muy atentas a las recomendaciones de sor María Auxiliadora.
—Ahora vais a hacer una lista con todos vuestros pecados, para que el señor cura no tenga que perder tiempo frente a niñas tartamudeando al no saber qué decir. Acordaos que los pecados veniales son faltas, tropiezos o vacilaciones en el seguimiento de Cristo.
De inmediato tuve la sensación que, de todas mis compañeras, era yo la única a la que no se le ocurría nada más que una pelea de hermanos y una mentira; ¡dos cosillas no bastaban para hacer una lista como Dios mandaba y seguro que el señor cura me reñiría.
Por ser la pequeña de una familia numerosa sabía que intentar mirarle el pito a mi hermano Pedro era un pecado, que besar con lengua, como lo hacía Arturo, otro hermano mío, con nuestra vecina, era también muy muy malo, y que levantar el jersey para enseñar las tetitas, como lo hacía Ester, mi hermana mayor, con el chico de la tienda de ultramarinos, era el colmo de los pecados. A mí me pareció que con tres cosas así mi lista sería la mejor, y que la absolución que recibiría sería proporcional de grande y de bonita.
Cuando al día siguiente me tocó a mí entrar en aquel confesionario con olor a sudor y aliento encebollado, me entraron ganas de vomitar y de salir corriendo. Sin embargo, la silueta somnolienta del señor cura me tranquilizó; el hombre estaría harto de niñas «tartamudeantes», así es que yo leería rápido mi lista y, rápido también, a la calle de nuevo donde el sol seguiría brillando, o eso esperaba yo.
—Padre, me acuso de haberme peleado con mi hermana pequeña, de haber dicho una mentira a mi madre, de haberle mirado el pito a Pedro, de haber besado con lengua a la vecina, no, al vecino, y de haber enseñado las tetitas al de la tienda de ultramarinos.
Un grito ahogado salió del lado oscuro, el señor cura se había despertado y yo recibía su ira fétida, o sea, la de Dios, en plena cara.
13/09/2016 10:05 dominiquevernay #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

El cómic

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«El lápiz, con el que ella cada mañana se lo dibujaba», esperaba junto a reglas y rotuladores a que llegase. Marjane se había levantado muy tarde; una taza de café, una ducha y en ese momento, con el pelo aún húmedo en el aire de un Paris desperezándose, corría hacia su estudio. Mientras tanto, su tocaya, la Marjane de Persépolis, la de papel, la de mentira o, tal vez, la auténtica, se impacientaba. En la viñeta del día anterior su creadora la había dejado sin el velo puesto; no podría saltar a la otra viñeta sin él, no podría huir ni salvarse.

20/09/2016 10:04 dominiquevernay #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Efectos secundarios

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No sé si ayer, cuando me senté ya muy tarde a ver la tele un rato, mientras San Orfidal empezaba a actuar en mi organismo, no sé si, como os decía antes, vi lo que vi o solo fueron efectos secundarios de aquella dulce borrachera farmacológica en la que estaba entrando. 

Lo primero fue una noticia sobre un concierto para perros, interpretado por humanos, con algunas notas solo aptas para canes. Los amos sentados al lado de sus mascotas, algunas también sentadas en sillas, aplaudían esa iniciativa tan generosa y enriquecedora para con sus animales; los perros, al contrario que sus amos, no quisieron pronunciarse, pero se les veía muy animados olisqueándose los traseros. 
Cambié de canal y después de optar por un documental algo más sesudo sobre design y mobiliario urbano, pude ver de qué manera tan seria algunas cabezas pensantes cavilaban sobre la forma que tenían que tener los nuevos asientos de marquesinas y asientos callejeros en general, para que nadie en su sano juicio pudiese pensar por un segundo en pasar la noche en uno de esos rompe-espaldas. Después de muchos intentos, un contorsionista contratado por la empresa, demostraba a un jefe de creativos rebosante de orgullo que, efectivamente, era del todo imposible. 
Después de la primera noticia sobre orquesta para perros opté por tomarme un segundo Orfidal, total, un día es un día y lo necesitaba... Ahora bien, no creo que me tengáis que hacer mucho caso si os digo que me pareció ver, en una última parte del documental, al jefe de creativos olisquearle el culo al contorsionista.

22/09/2016 09:59 dominiquevernay #. sin tema No hay comentarios. Comentar.


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