Facebook Twitter Google +1     Admin

Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2018.



Cuando nadie me vea

20180202120427-2018-02-02-11.34.43.jpg

—Con lo que sobró de pan de ayer tendremos para hoy. Pero de todas formas compra una barra pequeña para desayunar mañana —digo a mi marido que se está preparando para salir.

Me doy cuenta de que ayer también escribí algo sobre el pan que sobra, ese que hay que terminar antes de poder empezar el fresco del día. Es una de esas normas no escritas que, si las sigues, dicen mucho de ti, bastante más que tu fecha de nacimiento o la supuesta clase social a la que crees pertenecer.

Tirar un trozo de pan duro no dejará nunca de parecerme un gesto vergonzoso —que me resisto a hacer, pero que terminaré haciendo, supongo—, al igual que tirar todos esos papeles, cajas, lazos y demás adornos en los que vienen envueltos los regalos.

Una de la escenas, que más me impresionó últimamente, fue cuando puede asistir —de lejos, que de cerca no hubiese podido aguantar sin devolver del asco—  al momento cumbre de una fiesta de cumpleaños de un pequeñajo de unos cinco años.  Sentado como en una especie de trono, y mientras sus amigos iban gritando como posesos «¿qué será?, ¿qué será?», él arrancaba, con una impaciencia cercana a la furia, metros y metros de papeles y cintas, de texturas sedosas y colores a cada cual más deslumbrante. Apenas nuestros rey había conseguía ver el contenido del regalo, que una gentil animadora —responsable de uno de los diez cumples que en aquella nave se celebraban— se lo quitaba de las manos, para evitar que terminase en el suelo, pisoteado y sepultado bajo toneladas de embalajes, manchados de tarta y de vertidos de coca cola sin cafeína.

Si un día veis salir cierto resplandor de un contenedor de papel, será que allí habrán ido a parar todos aquellos adornos que envolvieron los regalos que, durante años, tuve la gran suerte de recibir. Los tiraré con mucha tristeza y mucha vergüenza, pero se me están llenando los armarios y cajones, y no es cosa. Así que lo haré de noche cuando nadie me vea. 

02/02/2018 12:04 dominiquevernay #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

El pájaro

20180204170310-historiasdesuperacion3.jpeg

    Esta bata le queda pequeña, pensó Julia.

            Y en aquel momento se preguntó si el hombre no sería uno de esos locos de comedias americanas que se meten en un hospital para huir de la policía, se ponen la primera bata que encuentran por ahí, y terminan operando a vida o muerte a un pobre diablo. Ella era el pobre diablo.

            Todo había ido muy rápido: un cansancio inexplicable, una primera consulta a su medico de cabecera, una segunda a un especialista e, inmediatamente, un aviso telefónico para una tercera cita con aquel hombre de la bata demasiado estrecha. Inquietante eficacia, inquietante rapidez.

            Le queda realmente pequeña, volvió a pensar Julia, mientras el hombre iba hilando sus frases con la misma lentitud con la que ella, de pequeña, ensartaba cuentas de colores para sus pulseras.

            Tal vez se haya apuntado a un gimnasio y esté tomando anabolizantes, seguía cavilando Julia.

            De repente, el hombre se levantó para dirigirse hacia un panel luminoso.

            —Si quiere acercarse a estas radiografías le explicaré con más precisión lo que podemos hacer.

            Y Julia se acercó y miró aquello contra lo que «juntos» tendrían que luchar. El especialista hablaba ya con más énfasis y, llamando «mancha» a una sombra con forma de pájaro, recorrió en un movimiento de brazo cada vez más amplio su contorno con la punta del boli. Lo hizo varias veces como queriendo enjaularla. Entonces, un ruido de tela rasgada hizo que el hombre se callase y se llevara la mano al roto de la sisa. Sonrojándose, pidió disculpas por la interrupción.

            Julia pareció despertar.

            —Lo suyo solo es un descosido, no se preocupe, tiene fácil arreglo. En cuanto a lo mío...

            —Solo es una mancha y...

            —«Esperar a que el pájaro entre en la jaula y, una vez que haya entrado, cerrar suavemente la puerta con el pincel.»* —recitó Julia.

 

*Del poema de Jacques Prévert «Para hacer el retrato de un pájaro»

 

 

04/02/2018 17:01 dominiquevernay #. sin tema No hay comentarios. Comentar.


Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris