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El vuelo de mil grullas

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Me miraste con esa misma alegría que surge del reencuentro inesperado con un sabor de la infancia. Me abrazaste y me dijiste al oído: bienvenida, eres como te recordaba. Quise creerte y reconocerte yo también. Luego me invitaste a tomar algo en una terraza al tímido sol de marzo. Levantaste la vista hacia el cielo, y con la mano a modo de visera contemplaste maravillado el vuelo cenizo de mil grullas en su viaje hacia el norte. ¡Quién fuera grulla!, murmuraste. Te reíste y me cogiste de la mano. Al cruzar la plaza, enorme damero, quisiste jugar a no pisar negras, tonto el que las pise, y por el camino blanco me guiaste hacia aquella terraza desde la que poder seguir la migración de aquellas valientes aves, más allá de lo que ni tú ni yo conocíamos.Volaremos con ellas, me prometiste. Cuando, exhausto tú, exhausta yo, el aire del anochecer nos sorprendió, te despediste con esa misma alegría que surge del reencuentro inesperado con un olor de la infancia. Me llamo Mario, ¿y tú?, me preguntaste.

 

17/02/2019 19:50 dominiquevernay #. sin tema

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