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Matar el tiempo

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–¿Lo has matado?

–Parece que sí.

–¿Y eso?

–Para probar.

–¿Probar el qué?

–Lo de matar así, por las buenas, como aquella peli que vimos hace tiempo.

–¿A sangre fría?

–Sí, eso, matar a sangre fría.

–¿Y qué?

–Pues nada tío, que no me ha parecido gran cosa.

–¿Y cómo lo has hecho?

–Como siempre decía mi vieja que había que hacer las cosas, ¡como Dios manda! Me he acercado al colgado ese que llevaba horas pegado a la barra y le he dicho: «Te voy a matar».

–¿Y qué te ha contestado?

–Que no me molestara, que no desperdiciara una bala, que ya llevaba años muerto. ¡Casi me convence el cabrón!

–¿Entonces?…

–Pues que en ese momento, cuando voy a echar mi primer trago, me doy cuenta de que el camarero, que no sé dónde coño anda, se ha olvidado del hielo, entonces voy y… ¡Pam!, le pego un tiro al viejo y ya está.

–¿Has matado al viejo por un puto trozo de hielo?

–No, no lo he matado, lo he rematado, ya estaba muerto.

–Haber matado al camarero.

–Eso no habría estado bien. Por venganza y sin avisar, no es mi estilo.

–¿Y ahora qué?

–Pues que me voy a casa, se me ha hecho tarde. Además tengo reunión a las nueve, ya sabes, la terapia de grupo de mierda esa para canalizar la rabia.

Ya. ¿Qué tal te va?

–Buueno, el gilipollas del psicólogo dice que me ve mejor.

–¿Y tú que dices?

Yo, nada, nunca digo nada. Voy porque tengo que ir, y todo por un puñetazo de nada y un juez cabrón. Eso sí, durante las sesiones hago que me caen todos bien, pero son escoria.

–¿Como el viejo ese que te acabas de cargar?

–No, mucho peor. ¿Sabes?, al viejo le he hecho un favor, ahora sabe algo que ni tú, ni yo, ni nadie sabe. Un puto sabio, macho, eso es lo que es ahora y eso, gracias a mí y… a la bala.

Y al hielo y al camarero…

–Y a estas putas tardes de invierno.

Los dos jóvenes se van hacía la salida, el bar permanece vacío. El aprendiz de asesino se para, duda unos instantes, vuelve hacia atrás y se agacha sobre el cuerpo del viejo para cerrarle los ojos. Su compañero le observa.

–Tendría familia?

–¡Y qué más da que la tuviera o no!

Todo queda a oscuras. Se oye la voz del joven aprendiz que murmura: «Como mi viejo, los mismos ojos que los de mi viejo cuando me molía a palos.»

Pero nadie le ha oído.

24/01/2012 16:22 dominiquevernay Enlace permanente. sin tema

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dominiquevernay

gravatar.comAutor: Ernesto

me ha gustado, Domi! rápido, ácido, aunque noto el final mucho más amargo y brusco que el resto del texto...
genial: 'ya sabes, la terapia de grupo de mierda esa para canalizar la rabia'

Fecha: 26/01/2012 16:31.


Autor: Dominique

Sí, tienes razón, el disparo auténtico está al final del texto. Gracias por pasarte, te invitaría a una copa pero no me queda hielo... :-(

Fecha: 26/01/2012 20:04.


gravatar.comAutor: Berta

A mí me parece que el disparo duró desde la primera línea a la última!! Yo me tomo esa copa, con tónica por favor. CHin! Chin!

Fecha: 02/02/2012 14:42.


Autor: Dominique

El gin es de Lidl... ¿Te vale?

Fecha: 02/02/2012 15:06.


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