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El castigo

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Había escrito cien veces: te quiero, empleando el método de las filas: cien filas de "t", otras cien de "e"... y así hasta llegar a completar la frase. Desde hacía unos días la profe andaba muy despistada, parecía haber perdido sus superpoderes, no se daría cuenta. Pero ahora de pie frente a su mesa, el niño, que no volvería a escribir el verbo querer con k, se preguntaba "ké" le estaría pasando a la profe y "kómo" "konsolarla", mientras, frente a aquel andamiaje de letras y despliegue de amor, la oyó murmurar:

—No, así no se hace, pero ya da igual.

14/12/2014 09:59 dominiquevernay #. sin tema

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