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La balanza y la sopera (basado en rumores)

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Se sentía generoso y tenía prisa por volver a casa así es que, con voz solemne, pidió al acusado que se pusiera en pie y le leyó la sentencia absolutoria. Luego, se despojó de aquella toga que le daba mucho calor y fue hasta la cochera donde, en un sitio reservado para él, se encontraba su automóvil.

Llegando a casa se puso cómodo, se sentó a la mesa y empezó a hojear el periódico que se encontraba doblado junto a su plato. Al segundo apareció su mujer con una sopera de porcelana fina en las manos. Ella preguntó:

¿Qué tal el día?, pero él no contestó.

Apartó el periódico, desdobló su servilleta colocada en forma de abanico en su copa y se la puso en la pechera. Luego, dio un primer sorbo sonoro a la sopa que acababa de servirle su esposa.

Está fría, ¡otra vez me la has servido fría¡ vociferó el señor juez y, acercándose a su mujer que poco a poco iba retrocediendo hacia la puerta, la abofeteó.

¿Es que no me merezco un momento de paz al día? añadió agotado.

08/09/2010 10:15 dominiquevernay Enlace permanente. sin tema

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dominiquevernay

gravatar.comAutor: Miguel

Se puede decir algo más. ¿Para qué? está todo dicho. Como siempre te basta un retazo de papel para dar una lección de filosofía.
Dominique: La alquimista de la brevedad.

Fecha: 08/09/2010 12:34.


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