Blogia
dominiquevernay

El parque en invierno

El parque en invierno

           Al igual que su madre, la pequeña estaba pendiente de los pasos del hombre en la escalera. Si cojeaba –como si el mal humor lo trajese pegado a la suela de uno de sus zapatos: una pisada fuerte, otra suave– la niña sabía que su padre estaba de malas, que una vez más le habrían dicho que lo sentían, que no había nada par él, que volviese al día siguiente por si acaso y, rápidamente, terminaba de vestir a Sofía.

–¡Estate tranquila!, tengo que ponerte el abriguito –le decía la niña con voz persuasiva.

Fuerte, suave, fuerte, suave...

–Sí, date prisa –murmuraba la madre acariciando la mejilla de la niña que retiraba la cara como quien evita un golpe–. Ya sabes que a papá enseguida se le pasa.

Y mientras una puerta se abría sobre lo que quedaba del hombre, otra, la de la despensa, se cerraba tras la niña y Sofía, su muñeca.

 

Esta es mi aportación  en la II Primavera de Microrrelatos Indignados
organizada por :
Miguel Torija La colina naranja
Rosana Alonso Explorando en Lilliput
Ana Vidal  Realtos de andar por casa
Pliegos Volantes

 

8 comentarios

dominique -

Fran, Migue and Miguel, Puri, Elysa, Ana, Javier... gracias por vuestros comentarios... esperemos que con la fuerza de todos nuestros textos PMI consigamos quitarle una púa a esta gran alambrada de miseria.

Puri -

Un gran relato, Dominique, duro como las vidas de las gentes que retratas. Siempre se llevan los golpes los inocentes que menos lo merecen.
Un abrazo

Miguel -

Un relato muy bueno. Duro. Nos llevas a la intimidad de los que lo están pasando mal. Esa mala leche que no sé por qué no ha rebosado de una vez atacando a los que se merecen los golpes y no a los inocentes, a los más inocentes. Enhorabuena.

miguel jiménez -

El simple gesto de apartar la cara lo define todo, Domonique. Fantástica descripción de una escena desgarradora.
Un abrazo.

Elysa -

Sí, otro de los efectos de la falta de trabajo, otro más, aún más terrible por escondido. Lo has hecho visible con tu texto.

Besitos

Ana Martinez -

Hay imágenes muy bien descritas como la de la mejilla y me gusta el tema que abordas, porque creo que nadie ha hablado de las otras consecuencias.
Un abrazo

Javier Ximens -

Los daños colaterales del paro. Son así como los describes. No aparecen en las hojas de cálculo de las estadísticas. Y más aún en la gente de mi generación que asume que el hombre de la casa que no puede dar de comer a los suyos no es un hombre. El parque como refugio hasta que pase la tormenta, la vida al revés. Luego dirán que somos malos (nos tildan de ser de la banda terrorista o de los nazis, su Dios, dónde anda).

Fran Rubio -

Crudo texto, con un tratamiento de la elipsis muy bueno. Incluso entre los débiles, siempre hay "más débiles", que son quienes reciben los golpes. Un abrazo.