Manteca pura

Nunca recuerdo que a partir de junio, y de Pajares para abajo, no procede llevar «compango» para fabada, y sí, apilar camisetas de tirantes en la maleta.
Mientras sudo la gota gorda frente a unas fabes «manteca pura», mis nietos se deleitan.
—¿Está rico? —les pregunto.
—Delicioso —contestan los dos a la vez.
El calor me está poniendo de mal humor.
Entre cuchara y cuchara canturrean.
—No se canta mientras se come —les recuerdo.
—Cuando está rico, cantamos —contesta Nic.
Suspiro y aparto mi plato aún medio lleno.
—No puedo más... hace demasiado calor. Mañana, gazpacho —les digo secándome el sudor de la frente.
—¿Por qué no te pones camiseta de mujer si estamos en verano? —me pregunta Hugo—. Una de tirantes que llegue hasta aquí.
Ha dejado la cuchara en el plato, para marcar con la mano el sitio exacto del límite de una camiseta de mujer en su pecho.
Nico le mira.
—No, un poco más abajo.
Durante un rato discuten sobre las dimensiones que debe tener el escote de una camiseta de mujer. Por fin se ponen de acuerdo.
—Sí, tiene que llegar hasta los pezones y taparlos un poco.
Luego siguen comiendo. Canturrean.
2 comentarios
Dominique -
Javier Ximens -