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dominiquevernay

Petite histoire au crochet ( Traduction du texte

Pour ma mère, crocheter c’était comme partir en vacances et il ne restait pas un seul recoin de la maison libre de son petit napperon ou de sa housse ajourée; cent pour cent coton et sur mesure, précisons-le bien. 
Deux de ses ouvrages les plus emblématiques furent le repose-tête boule de billard du fauteuil de mon père et le cache–rouleau papier hygiénique de réserve. 
Posé à même le réservoir du WC, cet espèce de chapeau au ruban rose empêchait d’accéder facilement au mécanisme de la chasse d’eau, et alors que les rouleaux se faisaient de plus en plus larges et moelleux, la housse, elle, rétrécissait à chaque lavage; c’est bien là l’ennui du cent pour cent coton. 
Remettre un rouleau de réserve dans la housse ajourée faisait partie des tâches de ma mère -qui elle aussi rétrécissait à sa façon- mais l’en retirer correspondait au premier qui en sentait l’urgence. 
Qu’est-ce qu’il a bien pu nous faire chier ce chapeau au ruban rose!

A ganchillo

Mi madre se relajaba haciendo ganchillo; no quedó ni un rincón de la casa que no contara con su tapete o su funda a medida. Sus dos creaciones más emblemáticas fueron el tapete reposa calva de la butaca de mi padre y la funda del rollo de repuesto de papel higiénico. 
Posado en el mismo inodoro, aquella especie de sombrero con lazo rosa entorpecía la maniobra de tirar de la cisterna,y mientras los rollos de papel higiénico se volvían cada vez más anchos y esponjosos, ella –la funda– encogía a cada lavado. Meter un nuevo rollo de repuesto en dicha funda era labor de mi madre –que a su manera fue encogiendo también– pero sacarlo, de cualquiera de nosotros que lo necesitara urgentemente. Todos, exceptuando mi madre, terminamos cagándonos en aquel sombrero con lazo rosa.

Gladiadores

Gladiadores

Durante la noche han regado el sol; brota ahora en el horizonte como una flor del desierto. Dispuestos a servir un día más a los dioses del nuevo Olimpo, una legión de jóvenes gladiadores se dirige hacia las cuatros torres que acuchillan el cielo de Madrid. Van en sus carros de cristales tintados con la vista levantada detrás de sus Ray-Ban, mientras, en cada rincón de la ciudad, otra legión, la de los vencidos, baja la mirada hacia los cuencos agrietados de sus manos melladas.

 

Esta es mi aportación  en la II Primavera de Microrrelatos Indignados
organizada por :
Miguel Torija La colina naranja
Rosana Alonso Explorando en Lilliput
Ana Vidal  Realtos de andar por casa
Pliegos Volantes

La perra que salvó a todo un pueblo

Las guerras nunca podrán caber entre dos fechas, siempre desbordan

  A unos tres kilómetros del pueblo, se encontraban las instalaciones que habían permitido que el enemigo reinase como amo y señor durante el periodo de ocupación. Ahora, el comandante tenía la orden de volar todo aquello antes de la retirada.

            –Mi Comandante, todo está listo para la voladura y, con su permiso, me gustaría que supiera que ha quedado bastante dinamita como para que toda esa gente se acuerde de nosotros.

            Lo dijo con voz fuerte; nadie hubiese podido reconocer en aquellas palabras el idioma de Goethe. El comandante no contestó de inmediato y se limitó a reemprender su deambular marcial, en la inmensa explanada ahora en pleno bullicio antes de la huida.      Pensaba en Catherine a la que no volvería a ver y en todas aquellas noches pasadas con ella, los dos tan ajenos a todo lo que les rodeaba. Sabía lo que tenía que hacer, estaba decidido y, con voz firme, se dirigió a su ayudante quien, inmóvil como un soldadito de plomo en medio de tanto vaivén, esperaba aún la respuesta.

            –Ordene volar únicamente el campo, y avise a todas las granjas de los alrededores para que abran sus ventanas y evitar así roturas de cristales y todo desperfecto.

            La mirada del capitán destelló rabia pero calló, y su entrechocar de botas fue sentido por el comandante como una señal de desafío más que como una marca de respeto. Luego, dando media vuelta, el comandante se fue en dirección al vehículo que le llevaría hacia no se sabía qué oscuro destino. Echó una última mirada en dirección al pueblo: su campanario, sus veintiocho altas chimeneas de fábricas de sombreros… tierra conquistada luego perdida, la tierra de Catherine.

 

            Mientras tanto, en la plaza del pueblo empezaba otra guerra. Había que castigar a todas aquellas mujeres que habían confraternizado con el enemigo, había que afilar tijeras y maquinillas para marcarlas y que sintieran la vergüenza de todo un pueblo que, hasta ahora escondido, necesitaba de chivos expiatorios. Sentada en un taburete alto en plena Plaza Mayor junto a otras cinco mujeres, Catherine sintió la suave caricia de los mechones de pelo cayendo en su cuello, se estremeció, recordó las manos del hombre, luego, cerró los ojos.

            En la Plaza Mayor abarrotada de gente, solo se podía oír el ruido de los tijeretazos que, junto al de miles de zancadas grises alejándose, ahogaba los insultos lanzados a las mujeres de cabeza rapada:

            –Perras de alemanes, perras de alemanes...

            Unos meses más tarde, Catherine, una de esas seis perras sería madre.

 

                          Escrito y firmado en Chazelles -sur-Lyon por:

                                     El cachorro de la perra que salvó a todo un pueblo  

 

Chequeos

Suelo pedir cita para pasar la ITV de mi viejo Seat Panda a la vez que pido una para mí en el ambulatorio. Es la única manera que he encontrado de llevar un control más o menos regular de mi estado de salud; problemas serios no tengo, no más que los que pueda tener mi Panda que me sigue llevando de acá para allá, despacio, eso sí. El caso es que si para él todo ha ido bien, exceptuando una luz trasera fundida, la mala noticia me la he llevado yo.

            –¿Que tal se encuentra usted? ¿Ningún dolor en el pecho? ¿Ningún mareo? –me ha preguntado mi médico de cabecera de toda la vida. Bueno, "de todo la vida" es un decir, digamos que desde cuando he empezado a tener más tiempo para poder enfermar.

            –No, me encuentro bien –le he contestado como a quien pillan en falta.

            –Es que no me gusta para nada esta cifra que tenemos aquí –ha añadido Don Rogelio mirándome por encima de sus gafas y señalando un renglón de los cuatro folios de resultados de mi último análisis de sangre.

Me estaba poniendo nerviosa, a pesar de que la cifra sospechosa fuera, por lo visto, de los dos.

            –Intentaré ser muy claro –me ha dicho silabeando la última palabra–. Como le decía, tenemos aquí un nivel de envidia muy alto en sangre. ¿Sabe si ha tenido o tiene familiares propensos a la envidia?

            Pues claro que los tenía, claro que éramos una familia de propensos a la envidia, además... ¿qué familia no lo era?

            –Pero de la sana, envidia de la sana –he recalcado con tonillo de ofendida

            Pero él hombre no me ha hecho caso y se ha lanzado en una gran explicación sobre excesos de envidia buena que, al unirse a partículas de LDR (que quiere decir "rabia de densidad baja" en inglés, según mi nieto que da saillens en el cole), van formando placas que se depositan en la pared de las arterias.

            A mí todo esto me ha sonado a chino y a tontería, ya que las mujeres más envidiosas de mi familia siempre han sido las más sanas y, por cierto, las que llegaron y llegan a edades más avanzadas. Pero me he callado este último dato y, sin más, le he dejado redactar el régimen bajo en tertulias vespertinas que, según sus propias palabras, tendría que seguir a ra-ja-ta-bla.

–¿Así es que nada de churros? –le he preguntado–, ¿como para el colesterol?

–Tranquila, de churros se puede usted seguir hartando, pero en casa, tómeselos en su casa; son a las amigas a las que tiene que renunciar –me dijo con tonillo él también.

Prohibido utilizar aspiradora en los dormitorios

Prohibido utilizar aspiradora en los dormitorios

 

El ulular de las aspiradoras

Se oye un rítmico «puf puf» de fantasmas paridos, que revolotean en la respiración de una mujer dormida. Jóvenes aún, ni arrastran cadenas ni saben de pudor y flotan como medusas en el amanecer. De repente, suena un despertador. La mujer emerge de debajo de las sábanas lanzando los recién paridos al viento de un enérgico despliegue de sábana. Ahora, en las cuatro esquinas de la habitación, los fantasmas esperan a que llegue otra noche, escondidos entre bolas de pelusas jaspeadas y «conejitos vomitados». Todavía no saben nada de aspiradora.


La fanática humanitaria

Doña Generosa había tenido una terrible pesadilla de la que le costaba reponerse. Esperó impaciente a oír las pisadas del nuevo día para levantarse y abrir las persianas de la ventana de su dormitorio que daba a la calle. Luego, estiró un poco el cuello para alcanzar a ver el trozo de acera de delante de la tienda en la que compraba a diario. Entonces, respiró aliviada al ver a "su" pobre sentado en la esquina derecha de la entrada, como siempre.
–Una pesadilla, nada más que una pesadilla –murmuró entre dientes y se preparó un buen desayuno.

Los grillos

Los grillos

Los metía en su frasco de cristal ahora vacío de caramelos. Luego, agujeraba la tapa metálica con un punzón y cerraba el tarro para que ninguno se saliera.

Collage

Collage

Lire le journal au lit comporte de sérieux risques, surtout si le lecteur s’endort avant même d’avoir fini d’en lire les gros titres. C’est ce qui m’est arrivé aujourd´hui, puisque le dimanche matin je me permets de refaire un petit somme après le petit-dej’. J’en étais à mon cinquième gros titres quand j’ai senti que mes paupières se refermaient sur des images qui vont, je le crains, me pousuivre des heures durant: les femmes de Jean-Paul Gaultier, le torse cuirassé et le popotin à l’air, se gavant de viscères de grenouilles indonésiennes au bon goût de poulet fermier, sous le sourire en cul de poule de Madame Lagarde caressant Chabal –le taureau-champion au salon de l’Agriculture parisien– et regrettant qu’il ne goûte plus à la bagatelle. Quand j’ai rouvert les yeux, j’ai mis du temps à retrouver mes esprits et il m’a semblé voir dans un coin de ma chambre Lech Walesa faisant une petite gâterie à Marine Le pen. (3-03-2013)

El gusano naranja (por Hugo)

El gusano naranja (por Hugo)

El vampiro debilucho (por Hugo)

El vampiro debilucho (por Hugo)

El dragón y la perla (por Nico)

El dragón y la perla (por Nico)

La memoria de los muros

Esta noche me he levantado para pasear por las habitaciones de la casa vacía y poder oír ecos de voces de mi infancia. No he oído nada, salvo ruidos de deglución de pena licuada en las viejas cañerías de plomo.

Nieve en Bombay

Intenté escribir la palabra «abominable» de un solo trazo y creí reconocer en el movimiento de mi muñeca, el rodar de una bola de nieve por una larga pendiente. Espectáculo blanco en un silencio de escarcha.
Ayer, a la hora de la cena, algún inconsciente interrumpió el rodar de aquella criatura de la abominación, la prensó entre sus manos y me la tiró en plena cara. Por unos segundos vi lo abominable: el deambular de los niños trabajadores en los basureros de Bombay... pero empujé aquella bola con un poco de pan, bebí un sorbo de agua y conseguí tragármela.

La tumba

 

Cuando tú desapareciste la casa fue cambiando. Yo seguía al lado de papá pero, ¡ya me conoces!... Apenas me había sorprendido al verle llenar el balcón de flores de plástico, tallar un crucifijo de madera y grabar en un trozo de mármol negro su nombre en letras doradas. Pero cuando quiso tapiar las ventanas y las puertas me asusté. Sólo entonces me asusté.
–¡Estoy aquí! –chillé. 
–¿Tú?, ¿aquí? –murmuró sorprendido, y se puso a tallar otro crucifijo y a grabar mi nombre junto al suyo.
  

 

Chicharro para Nochevieja

A doña Gertrudis no le toca la vez pero lanza desde la puerta:

–Antonio, "me" vienen todos para Nochevieja así es que dame de lo que tú sabes...

La mujer tiene la papada hinchada de orgullo.

–¡Faltaría más! –le contesta el pescadero mientras le quita los ojos a un besugo–. Se lo preparo y se lo llevo a casa en menos de una hora.
Me toca. No sé qué pedir. Para Nochevieja estaré sola como siempre, pero de repente me apetece jugar a ser otra. Hincho la papada y repito, palabra por palabra, la frase de doña Gertrudis. El pescadero me mira sorprendido y parece que a él se le hincha las narices.
–Tengo mucho que hacer así es que como no se decida... –me dice de muy mal humor.
Y es que para todo hay que valer, además, no tengo papada. 
–Un chicharro –le digo.

Nueva unidad de medida

–Roberto, el pegón de mi clase, es así de alto por lo menos.
Hugo levanta la mano a unos diez centímetros por encima de su cabeza, para que nos quede bien claro que un pegón así da miedo de verdad–. Y eso es tan grande como una jirafa o como un Optimus Prime con alas o como, o como... esta casa.
Nos ha quedado claro, Roberto es de temer. Sin embargo, Nico tuerce el gesto. Su hermano lo ve.
–¿Qué? ¿No te lo crees? –protesta enérgicamente– ¡Roberto mide casi siete metros, que lo sé yo!
–Ya, que te vamos a creer -suspira Nico con gesto cansino–, ni siquiera papá mide siete metros.

Mi geografía

-¿Qué país de los dos prefieres: Francia o España? -me preguntó.
-¿Dos países? -dije sorprendida.
-¡No te hagas la tonta y vuelve a sacar tus libros de geografía! -me contestó ofendido.
Lo hice por si mi amigo tuviera razón, pero en mi geografía no consta que Francia y España no sean un mismo país ni que los Pirineos no sean más que extraños goznes de una inexistente puerta.

Historia fantástica

-Erase una vez.
-¿Qué?
-¿Qué de qué?... ¿No te parece suficiente cuento?

Dialogue de parrots

Dialogue de parrots

 

–Tu veux que je te dise un secret?
–Oui mon perroquet.
–Il ne pleut plus, je crois qu’aujourd’hui on va pouvoir faire une belle envolée.
–Alors donne-moi cinq minutes pour me préparer.
–Ok... mais approche-toi une seconde que je t’arrange un peu le bec.