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Se muestran los artículos pertenecientes a Junio de 2010.

Los deberes

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Éramos tres hermanos con dos años de diferencia cada uno. La ayuda que recibimos de nuestro padre, a la hora de hacer los deberes, fue proporcional a las esperanzas que había puesto en cada uno de nosotros; durante mucho tiempo creí que su cariño también lo era. 

 

 

02/06/2010 16:08 dominiquevernay #. sin tema Hay 2 comentarios.

Después del taller

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¿Quién dijo qué?

¡Y qué más da!

Lo que de verdad cuenta,

Es que se dijo.

 

Después del taller

Al salir del taller literario, de vuelta a casa en coche.

—Muy bueno tu texto.

—Ya, pero… ¿no te parece que el de la semana pasada estuvo mejor?

—La verdad, aunque me mates no lo recuerdo para nada.

—Ah…

—¿Por qué este «ah»…?

—Por nada,  pero es que me extraña.

—¿Te extrañas de que no recuerde tu texto?, ¡pero si no recuerdo ni el mío!… ¿No te estarás tomando todo eso del taller demasiado en serio?

—Tal vez, pero si no es así entonces…

—Entonces ¿qué?

—Nada.

—Vale, lo que tú digas…

Unos segundos de silencio.

¿Qué nos queda por hacer?

—Pues a mí, casi nada, solo freír unas patatas.

—No, no me refiero a esto, me refiero a ¿qué nos queda por hacer que valga la pena, que podamos tomarnos en serio?

—Pues eso, freír unas patatas y cenar a gusto.

—¡Bah!

—Vale, de acuerdo, hablemos en serio.

Otro silencio

—¿Te acuerdas de Telma y Louise?

—Sí, claro… ¿y?

—¿Te parece que nos estrellemos contra un árbol?

—Ellas se tiraban por un barranco.

—Ya, pero es que aquí hay más árboles que barrancos.

—Vale, pero tengo que fumar un último cigarrillo.

—Ni hablar, ya sabes lo de los fumadores pasivos…

—A estas alturas no creo que tenga mucha importancia lo del tabaco, ¿no decías que nos íbamos a matar?

—¡Pero es que no tiene nada que ver, matarnos, con morirnos de un puto tumor!… Lo primero es adelantarse al destino, jugarle una mala pasada, lo otro es sencillamente morir.

Silencio… solo se oye el ruido del motor del coche.

—Vaya susto que se van a llevar todos.

—Ya,  menudo follón que se va a organizar en casa con lo del pésame. Por cierto, deje las camas sin hacer.

—Y yo un montón de ropa sin planchar.

—Tampoco tenemos tanta prisa por estrellarnos. ¿Qué te parece si lo dejamos para mañana?

—Sí, tienes razón, tampoco tenemos tanta prisa.

 

 

 

05/06/2010 12:59 dominiquevernay #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Métaphores

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         —Hé t’as vu ça?

         —Quoi?

—Et ben cette chaise... elle prend l’air, c’est cool une chaise qui se fait bronzer-rouille au soleil, tu trouves pas?

         —Même pas!

         —T’as d’jà vu ça souvent?

         —Non, mais mon prof, lui, il en parle au moins une fois par jour.

         —D’chaises en vacance au bord de la mer?

         —Ouais, i’dit toujours à Léon qu’il est aussi con qu’sa chaise et qu’i’ferait mieux d’aller s’la couler douce au soleil… et en plus, qu’il en a une sapré couche; tu vois, pareil que cette chaise!... (s'approchant un peu plus de la chaise) Hé Léon!, ça biche?

         —Mais ça c’est une façon de parler, c’est une métaphore… les profs, i’z’aiment bien ça!

 —Une quoi?

         —Une métaphore, c’est comme pour faire plus joli dans la phrase.

         —Ah!... dans la phrase pt’être, mais pas sur la gueule d’ Léon.

         —Et pis, t’as vu la faute d’orthographe?

         —Tu sais, moi les fautes...

         —Fraîche, ça s’écrit pas avec un «e» accent circonflexe, ça s’écrit avec «a-i» accent circonflexe.

         —Ok, mais ça se prononce comment ces deux trucs?

         —Pareil.

         —Et ça sert à quoi ces accents circon-j’sais-pas-quoi?

         —Bof… j’crois qu’à rien.

         —Alors, c’est pas une faute, c’est sûrement une métaphore.   

12/06/2010 11:59 dominiquevernay #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Y sin embargo te quiero

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El dolor de Rebeca

 

Las conversaciones telefónicas entre  las dos mujeres octogenarias siempre empezaban de la misma manera:

 

—¿Quién es?, ¿eres tú?

—Pues ¿quién va ser?

—¿Por qué siempre tengo que ser yo la primera en?...

—Porqué eres la más joven, ¡bien que te gusta presumir de ello!

—¡Tonterías! Si me llevas sólo un año y a estas alturas…

—Precisamente, un año es un año sobre todo a estas alturas... y dime, ¿qué?...

—Además,  te dejo mensajes, pero como si nada.

—Ya sabes que yo no escucho los mensajes; ni sé cómo se hace.

—Pues no es tan…

—Ni quiero saber.

—Vale, vale… Por cierto, ¿cómo te encuentras con lo de?...

—¿Con lo del réuma?; con este tiempo, ¿cómo quieres que me encuentre?

—Ya y dicen que hoy también va a llover. Menos mal que tengo a mi hija que vive cerca; la pobre no sabe qué hacer por mí... ya me trajo el pan y me comento lo de…

 

Y justo en ese punto de la conversación solía cambiar el guión; aquel día fue así:

 

—¿Lo de qué?

 —Mujer!, lo de tu hija Rebeca.

—¡Ah!, sí, bueno…

—Estarás muy disgustada…

—Pues claro que sí, ¿cómo voy a estar?

—Creo que ella se lo ha tomado muy mal ¿no?

—Normal, después de veinte años… ¡y les iba tan bien!

—¡Qué duro!, ¿no?

—Pues sí.

—Pero no te vayas a deprimir tú también, a nuestras edades no estamos para disgustos.

—No, tranquila. Además creo que Rebeca va a volver a casa por una temporada.

—¡Sí? ¡Qué suerte, no?, ¡estamos tan solas!

—Sí, me alegro mucho de tenerla otra vez, mucho.

—Por cierto ¿conduce?, ¿tiene coche?

—Sí, claro, ¿por?

—Por nada… anda, ¡vaya suerte que has tenido!

 

13/06/2010 10:46 dominiquevernay #. sin tema Hay 2 comentarios.

La gárgola

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          Hacía ya tiempo que las gárgolas se habían quedado secas, con la boca abierta sobre la última arcada. En cada paritorio, los recién nacidos con cara de anciano gritaban su desesperación al abrirse camino entre las piernas flácidas y frías de sus madres. Atrincherados en sus salas refrigeradas con aire embotellado, la gente repetía en silencio, con la solemnidad de cuantos sacrificios bárbaros e inútiles hubo en el mundo desde sus inicios, los gestos ancestrales que les habían hecho hombres y que temían no recordar algún día: amasar algo de harina con unas gotas de agua, darle forma y reunirse todos alrededor del fuego, sentados sobre sus atrofiados miembros inferiores, para contemplar como la llama pintaba colores sobre la hogaza; luego, aún esperanzados, les quedaba por masticar, masticar para no olvidar.

          Pero aquel día no hubo pan, ni reunión junto al fuego. Salieron todos a la calle bajo aquel sol de plomo destructor… había nacido otro niño y, de entre las piernas flácidas y frías de su madre, su grito, al igual que el de las gárgolas, se había quedado mudo.

26/06/2010 20:28 dominiquevernay #. sin tema Hay 3 comentarios.

Jeannette et pattemouille

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Jeannette et pattemouille

—Mais c’est pas croyable, quelle allure! —j’avais pensé ça sur le même ton que ma mère employait lorsqu’elle nous voyait porter des nippes froissées; j’avais en plus, hoché la tête, fronçé les sourcils et serré les lèvres… une réaction tant soit peu exagérée, surtout si l’on considère que la tenue des deux jeunes filles, qui venaient de monter dans le car, n’avait absolument rien de différent à ce qu’imposait la mode. Les transparences et les décolletés de ces demoiselles avaient provoqué un faux pli ─sur la toile de fond normalement assez sereine de mes émotions─ que le bruit de fer à vapeur industriel de la porte du bus (qui se refermait après un premier arrêt) effaça d’un seul coup; j’enfourchais alors ce nuage de vapeur pour m’en aller quelques quarante années en arrière.

Debout, penchée sur sa table à repasser, appliquée comme l’ébéniste à son établi, ma mère amidonnait nos robes du dimanche; dans la cuisine règnait une chaleur d’enfer malgré la fenêtre grande ouverte sur la cour ombragée de son tilleul; ma mère, elle, semblait se trouver au paradis.  

—Enfin, tu ne me diras pas que ce n’est pas plus joli comme ça! —disait-elle sur ce ton bien à elle, lorsqu’il s’agissait de plis de pantalons, de pochettes, nappes et robes empesées. Elle aimait a contempler les piles de linge impeccables après une de ses longues séances de repassage et, la façon qu’elle avait de ranger chaque chose à sa place, dans l’armoire qui correspondait, en était la confirmation; avant de le faire, elle redressait d’abord le galon de dentelle qui bordait chaque rayonnage, se promettant de le laver sous peu:

—Il n’y a rien de plus vilain qu’une dentelle douteuse et sans apprêt.

Ensuite, elle plaçait les servittes sur les serviettes, les mouchoirs sur les mouchoirs et ne pouvait s’empêcher une dernière caresse sur ces piles parfaites.

C’était une caresse rapide, précise mais emprunte ausssi d’une grande tendresse.

Le car faisait son deuxième arrêt.Trois lycéens prenaient place; deux d’entre eux le faisaient plus à l’avant que moi, de l’autre côté du couloir et le troisième, un rang derrière ses amis. Pour pouvoir entrer dans la conversation, ce dernier s’étira tant qu’il le put, chevaucha le couloir de sa jambe gauche et prit la position du penseur de Rodin; l’élastique de son slip CK faisait maintenant barrière, séparant les passagers de devant, de ceux de l’arrière… peut-être même les passagers de sa génération de ceux de la mienne.

 Quelqu’un qui n’aurait rien eu de mieux à faire qu’à m’observer, assise dans ce car, se serait rendu compte cette fois que, catapultée par l’élastique CK, je repartais loin dans le temps… à trente ans de distance.  

—Non, pas question!... tu te mettras en dimanche! Il ne manquerait plus que ça… aller à la messe et en visite en bleus de travail!

—Oh maman tu l’fais exprès… ce sont des jeans, des JEANS!, pas des bleus de travail. Et puis, pourquoi tu les repasses? Tu te plains que t’es crevée et pourtant tu perds ton temps à des trucs qu’on te demande surtout de ne pas faire.

—Petite effrontée!, tu ferais mieux de t’en arrêter là si tu ne veux pas que je foute tes bleus, pardon tes JEANS à la poubelle.

Et oui, même ma mère se permettait parfois de glisser un “foutre” dans son vocabulaire pourtant châtié; mai 68 était définitivement arrivé...  même chez nous!

 Avant les jeans trop larges, trop étroits, rapiécés, tachés, troués… qu’est-ce qu’il y avait eu?... Mais oui, ça y était!, je me souvenais!, il y avait eu les fameux jeans effilochés.

—Tu n’iras quand même pas mettre ça! tu auras l’air de quoi?  

—Mais maman, c’est comme ça que tout le monde les porte!

 Nous étions déjà en 69 et si le mot «jeans» avait été admis, les effilochures  pas encore et j’assistais impuissante au repassage de mes jeans avec jeannette et pattemouille.

Ah, les pattemouilles!... les pauvres n’ont pas d’histoire, elles ne se passent pas de mères en filles et, cependant, dans le monde des tissus, n’est pas pattemouille qui le veut; seul les cotons les plus soyeux en fin de carrière font l’affaire et viennent à bout de cassures, de pliures et cela sans provoquer le moindre lustrage. Moi je dis: bravo les pattemouilles!

Les jeannettes, par contre, c’est tout autre chose… Il y a les jeannettes articulées, les aspirantes, les soufflantes, celles qui se vendent nues et celles qui se vendent avec molleton, il y a aussi les jeannettes qui s’adaptent à toutes les tables, celles qui s’adaptent moins bien et les branlantes qui ne s’adaptent vraiment jamais et menacent de se replier sur elles-mêmes à chaque coup de fer. Et puis… il ya a celle de ma mère: une jeannette de plus de cent ans, en bois massif, avec un pied ouvragé et un bon molleton… avec un outil comme ça, repasser devient un art.

Troisième arrêt, c’était le mien. Je me levai, le penseur de Rodin aussi; alors que je défroissais un peu ma jupe du revers de la main, le penseur lui remonta ses jeans. Je descendis la première. Dehors, il commençait à pleuvoir à seaux; heureusement, ils l’avaient dit à la télé et j’avais mon parapluie. Balayant le bitume de ses jeans, le penseur ne pensait plus, il écoutait “j’nsaisquellemusique” sous le casque-arceau de son baladeur; je le vis s’éloigner à grands pas, deux bouquins sous son tee-shirt pour les protéger de la pluie… —Si au moins ils étaient recouverts— pensai-je malgré moi.

—Maman, la maîtresse elle a dit que si demain les livres…

—Oui, ne t’en fais pas, je vais le faire dès que j’aurai fini de repasser mon tas de linge.

—Moi j’sais faire, si tu veux je…

—Non, non, ça serait plein de faux plis. Je te promets que demain matin tes livres seront recouverts. Maintenant dors vite.

—N’oublie pas d’éteindre la gaz!

—Promis.

—Et de revenir me faire la bise avant d’aller te coucher.

—Bien-sûr! Mais maintenant sois sage et ne m’appelle plus, j’ai encore vos paires de souliers à nettoyer et, si j’ai le temps, j’aimerais bien me refaire les ongles.

La pluie s´était arrêtée. Le petit gars aux «jeans-balayeurs» avait disparu au coin de la rue et, dans l’air, il y avait comme une bonne odeur de cire et de vernis à ongle. 

27/06/2010 20:55 dominiquevernay #. sin tema Hay 5 comentarios.


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