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Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2010.

El pavo real, el camaleón y el águila

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ADAPTARSE ES UN ARTE

QUE NO ACTO DE COBARDE,

MAS PRESUMIR DE DIFERENTE

ES MÁS PROPIO DE DEMENTE.  

 

Por el pueblo iba contoneándose un hermoso pavo peleón 

que, encontrándose en su camino con un joven camaleón, 

malhumorado le dijo: 

         –¿Qué haces así?, ¡por poco te piso, pobre imprudente!

        De piedra disfrazado no se te ve,

        más te valdría estarte pendiente.

 

         –Aquí, lejos de los míos, a la fuerza tengo que fingir 

        que soy piedra, hiedra o lombriz, 

         para poder sobrevivir –contestó el joven camaleón     asustado.

 

        

        –¡Cobarde!, replicó nuestro pavo indignado,

        de lo que eres, siempre alardees, 

        que fingir, de muy gallina es. 

  

Dicho esto, el pavo abrió su real cola olvidándose de todo, 

mientras en el cielo, un águila, celosa de tan bello plumaje,

caía en picado sobre aquel presumido macho,

dejándole mal herido, desnudo y avergonzado.

 

A lo lejos iba arrastrándose y feliz,

nuestro joven camaleón con aires de lombriz.    

 

     

 

05/10/2010 09:32 dominiquevernay #. sin tema Hay 4 comentarios.

Milagro en el túnel de Gothard

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Hacía ya unos cuantos meses que había abdicado: comíamos con la televisión encendida; tal vez era mejor reírme o poner caras junto a mis dos hijos –frente a las travesuras de Bart Simpson o los chistes de Arguiñano– que pelearme con ellos (con el mayor sobre todo), al querer demostrarle la importancia del diálogo familiar alrededor de una mesa. 

  –¿Pero de qué quieres que te hable?, alegaba en cuanto le proponía que me contara lo que había hecho en el instituto.

Tal vez tuviera razón y, en nuestro caso, el diálogo familiar llegase en forma de risotadas y gestos, y fuera el auténtico *compango de nuestros potes y aliño de nuestras ensaladas. Pero lo que más nos gustaba ver en realidad, eran las imágenes con sonido ambiente, sin comentarios de periodistas desgañitándose, de los telediarios de Euronews; fuera lo que fuera la noticia, era el único momento en el que parecía establecerse entre el mundo y nosotros tres, ahí sentado en esa cocina, un auténtico diálogo, que, quizás, bien se pudiera haber calificado de diálogo familiar. 

Aquel viernes 15 de octubre pudimos pues, presenciar el final de la perforación del túnel más largo del mundo, que unirá a partir del 2017 Zurich con Milán. Vimos como una gigantesca fresadora daba su última dentellada a la roca; se terminaba aquí un festín de más de 15 años y la máquina lanzó un eructo estruendoso, antes de vomitar unos cuantos metros cúbicos más de papilla de roca, los últimos también. 

Mi hijo, el pequeño de cinco años, había dejado de mirar la pantalla y estaba moldeando un caracol con miga de pan. 

–¿Es que no te interesa?, le pregunte sorprendida.

–Sí, me gusta, pero es que ya lo vimos ayer... ahora va a haber un milagro y saldrán los mineros esos atrapados –nos explicó con voz cansina.

*El compango es el acompañamiento cárnico ahumado empleado en la elaboración de la fabada asturiana.

17/10/2010 11:20 dominiquevernay #. sin tema Hay 2 comentarios.

De D. para F. - De F. para D.

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F. era un pintor de primera pero no le gustaba que ella se lo dijera:

–No, no soy ningún artista pero me gusta aprender de los que sí lo fueron de verdad. 

 Por eso, a la vuelta de cada exposición F. solía enfrascarse en la reproducción de una de las obras que más le había impresionado. 

Uno de los cuadros que a D. le gustaba particularmente y que F. había copiado con auténtica maestría, era el de una mujer sentada de espaldas; colocado en la pared frente a su cama, era lo primero que D. veía cada nuevo día al abrir los ojos. Se sabía ya de memoria esa nuca de piel muy blanca, el pelo recogido en un moño del que escapaba unos mechones, la blusa de tela de algodón grueso, el frutero de loza blanca encima de una mesa, y la pared de un color indefinido que servía de fondo a la escena; una escena donde, aparentemente, no pasa nada… inmovilidad total, cierta languidez en la postura de la mujer y una extensa paleta de tonos grises para un momento de profunda soledad y de silencio.

Muchas mañanas, tumbada en la penumbra de su dormitorio, D. se preguntaba, una y otra vez, cómo sería la cara de la mujer del lienzo. Pero un día, estando aún al borde de la estrecha línea que separa el estar despierta del estar dormida, D recordó con una intensidad inusual uno de los sueños que habían animado su noche.

En el sueño D. terminaba de arreglarse para salir, cuando había visto cómo la mujer del cuadro se daba la vuelta para decirle con voz cansina:

–Abre la ventana de par en par, que pueda oler la primavera.

Recordaba ahora con toda nitidez esa cara que tantas veces había intentando imaginar y le molestaba que en su sueño, no fuera ni tan guapa, ni tan expresiva como a ella le gustaba creer. A lo largo de todo el día aquel rostro corriente la fue siguiendo y, al llegar la noche, se sentó frente al ordenador dispuesta a encontrar algún dato sobre la mujer que había servido de modelo a Hammershoi, el autor del cuadro. Comprobó entonces que su nombre aparecía entre las noticias del día:

Gran hallazgo: un cuadro hasta ahora desconocido del pintor danés Hammershoi, encontrado en un antiguo almacén. 

 Intrigada D. amplió la noticia: 

 Por primera vez Ida Ilsted, la esposa del pintor, la mujer que siempre hizo de modelo en sus cuadros, sale de frente y…

En un lateral de la pantalla se podía contemplar el cuadro hallado.

D. interrumpió de inmediato su lectura y quedó perpleja frente al retrato de la mujer; Ida era idéntica a la mujer de su sueño: los mismos ojos, la misma boca, nariz, frente...

 –Es increíble –repetía D. una y otra vez–, increíble.

Intentando admitir lo incomprensible D. se fue tranquilizando, pero volvió entonces a sentir la misma decepción que al despertar de su sueño: una cara demasiado anodina para una nuca tan sugerente.

D. contó a F. lo que había pasado, su asombro pero también su desencanto. 

--Es asombroso, sí, pero no entiendo tu decepción; los rasgos de su cara no pasan de ser detalles demasiado anodinos para un cuadro tan fascinante –le dijo F. 

 Ahora, cada mañana al abrir los ojos, D. contempla a Ida sentada de espaldas y se pregunta una y otra vez: 

–¿En qué piensas Ida?

Y se levanta a abrirle la ventana.  

 

                                                                       


30/10/2010 13:19 dominiquevernay #. sin tema Hay 3 comentarios.


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