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Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2011.

El argumento

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El niño llega corriendo al salón; en una mano lleva un rotulador azul sin tapa y en la otra un folio ligeramente arrugado. 

  —¡Mamá, papá!, he hecho un dibujo muy bonito —dice levantando el folio en alto.

—A ver, a ver... —le responden a la vez mientras dejan de mirar por un rato las noticias del día en la tele.

—¿Y qué representa?

El pequeño se ha quedado sorprendido, arquea la ceja derecha y al gesticular para intentar explicarse mejor se mancha la cara de rotulador.

—Pues, pues... es un camino y aquí un señor.

Observa ahora a sus padres que se esfuerzan en ver el hombre, el camino.

—Es un camino larguísimo —puntualiza el niño siguiendo con la punta del rotulador otra línea ascendente como queriendo darles otra pista— por lo menos llega hasta el cielo, pero, pero... el señor no tiene prisa y si se cansa se sienta un rato en la hierba... Esto es hierba, ¿a que sí?

—Ya —dice el padre— pero, ¿qué más has querido dibujar a parte del camino y del señor que va tan lejos?

El niño suspira, un suspiro profundo. Se rinde ante el hecho de que sus padres siguen sin entender nada, se impacienta, les tiene que dar otra pista, la definitiva.

—Pues, pues, ¿es que no lo veis? Es... ¡la esperanza!

Lo ha dicho abriendo los ojos de par en par en señal de evidencia y sus padres no pueden retener la risa. 

El pequeño se pone a llorar.

—¿Pero por qué lloras?, tu dibujo es precioso —dice la madre simulando ya total seriedad— ahora sí, se ve perfectamente lo que has querido representar.

  —Es que, es que... os estáis riendo de mi dibujo —contesta a duras penas entre hipos.

—Por supuesto que no, ahora verás...

La madre se levanta y pega el dibujo en el sitio más visible de la casa. Un largo camino, el hombre sin prisa, la esperanza y, ahora, la sonrisa de un niño en brazos de su madre. 

En la tele siguen pasando imágenes de noticias que llegan confusas, tan confusas como garabatos y, por un segundo, captan la mirada del niño que arquea la ceja derecha.

04/04/2011 11:46 dominiquevernay #. sin tema Hay 3 comentarios.

Volteretas

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¡Qué diferentes son las fotos de bodas de ayer de las de hoy!, constata Adela a diario frente al escaparate de un estudio fotográfico contiguo a su oficina. 

Mientras las novias no reparan en manchar de verdín sus vestidos ≪palabra de honor≫ ni en infligir tremendas mojaduras a sus enaguas a orillas de playas de arena blanca, ellos parecen querer escaparse de sus marcos; descalzos y con los pantalones subidos, saltan, trepan, dan volteretas y, todo eso, sin dejar de sonreír. 

¡Auténticos atletas!, eso es lo que son, sigue pensando Adela ahora sentada en su mesa de trabajo; nada que ver con los novios de ayer, encerrados en aquellos marcos de madera oscura, con miradas grapadas a cejas hirsutas y de pie detrás de recatadas novias. Con una mano firme en sus hombros, parecen cosquillearles los cogotes con la terrible sentencia insuflada desde la cerda dura de sus mostachos:

–Tú, de aquí, ya no te mueves en la vida.

Pero los tiempos han cambiado. Adela se quiere casar y tener una de esas preciosas fotos de bodas acrobáticas en la cabecera de la cama; para eso, tiene que darse prisa. 

Nadie lo sabe aún, ni el propio interesado, pero sí, es cierto, tiene novio y esta tarde se van a ver por segunda vez. 

A la siete y cuarto llega al lugar acordado, una cafetería del centro. Hace fresco pero el chico se ha sentado en la terraza y la espera disfrutando de una cerveza. Le observa a lo lejos y vuelve a comprobar que tiene cara de bondadoso; no se parece, ni por asomo, a aquellos novios de mirada severa. 

Pero algo en lo que no había reparado en su primera cita le llama la atención: no le recordaba tan gordo. ¿Tal vez llevase una camiseta menos apretada cuando, hace dos días, tía Conchi se lo había presentado? Esto explicaría también que sea tan caluroso y que se siente en una terraza a estas alturas del año, sigue cavilando Adela que ya presiente problemas de orden doméstico; a ella le gusta el embozo de la cama bien subido, pero claro, si él es tan... Pero basta, cada problema a su debido tiempo, razona la joven y ahora, lo que requiere toda su atención es ese principio de tripa cervecera asomando por ahí. 

–Hola –dice Adela algo contrariada.

–Hola –contesta él sonriente–. ¿Tomas algo?

–Sí, un agua mineral por favor, estoy intentando mantener la línea –contesta con voz de niña resabiada.

–Eso está muy bien, aunque no lo necesitas –responde el chico–, yo también debería...

–Sí –replica ella antes de que termine la frase–, ten en cuenta que para que las fotos de boda salgan bonitas, el novio, sobre todo el novio, tiene que estar muy en forma –asegura mientras recalca su afirmación bajando la vista hacia el incipiente michelín.   

Pero el joven ya se ha levantado y, ante el asombro de Adela, realiza un triple salto mortal de lo más artístico, antes de escapar de su lado para siempre. 

Un poco de agua se ha derramado del vaso de Adela hasta su falda.

—No se preocupe señorita, es agua, se secará –le dice el camarero al verla tan compungida, sola en su marco, a orillas de un atardecer de agua mineral embotellada.  


12/04/2011 15:39 dominiquevernay #. sin tema Hay 5 comentarios.


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