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Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2012.

Hilando fino

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No perdamos la perspectiva, yo ya estoy harta de decirlo, es lo único importante.

Doña Rosa va y viene por entre las mesas del Café* con sus andares de caracol, recolocando un cenicero por aquí, enderezando un clavel de plástico por allá.

–Yo, por poner un ejemplo, no cojeo, no señor, arrastro la pierna izquierda, ¡que es muy diferente! –añade ahora con los brazos en jarras–. Y nadie me podrá negar que lo que tengo aquí en estos floreros son claveles.

Antonieta ha dejado su labor para mirar hacia Doña Rosa; intenta tejer ahora del largo ovillo del discurrir de su amiga.

A estas horas el café está vacío. La conversación queda suspendida en el aire y necesita de un empujoncito para no caer como una cometa en un día sin viento.

–Pues como te decía, si alguien me dice que por no oler a clavel esta flor no lo es, entonces, estamos perdidos– profetiza Doña Rosa santiguándose.

La cometa ha vuelto a coger altura. Antonieta retoma su labor con un gesto de cuarto y mitad de entendimiento, y otro tanto de alivio por no tener que contestar a tan complicada dialéctica. Un punto del derecho, otro del revés... murmura para sus adentros.

El hilo de la cometa no parece poder dar más de sí, sin embargo, Doña Rosa no se muestra dispuesta a soltarlo.

–Y que no me digan que las cosas cambian según desde dónde se las mira. Perspectiva, solo hay una; ¡y que Dios nos pille confesados como la perdamos!

*Camilo José Cela "La Colmena"

02/01/2012 19:50 dominiquevernay #. sin tema Hay 2 comentarios.

Un «diego»: nueva unidad de longitud/ En el coche

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Un "diego": nueva unidad de longitud

            –Roberto, el pegón de mi clase, es así de alto por lo menos.

            Hugo levanta la mano a unos diez centímetros por encima de su cabeza, para que nos quede bien claro que un pegón así da miedo de verdad.

            –Y eso es tan grande como una jirafa o como un Óptimus Prime con alas o como, o como... esta casa.

            Nos ha quedado claro, Roberto es de temer. Sin embargo, Nico tuerce el gesto. Su hermano lo ve:

            –¿Qué? ¿No te lo crees?–protesta enérgicamente–, ¡Roberto mide casi siete metros, que lo sé yo!

–Ya, que te vamos a creer–suspira Nico con gesto cansino–, ¡ni siquiera nuestro padre mide siete metros!

 

                                               En el coche

Hugo –¡Ato!

Ato    –Sí

Hugo –¿Sabes qué?

Ato    –No, dime.

Hugo –Que conduces más despacio que nuestro padre.

Ato    –Sí, es posible.

Hugo –Pero es que él es más alto que tú.

Ato    –Ya, eso sí que es verdad.

Nico  –Claro y por eso nuestro padre conduce más rápido, llega mejor a los pedales. 

09/01/2012 16:20 dominiquevernay #. sin tema Hay 3 comentarios.

Matar el tiempo

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–¿Lo has matado?

–Parece que sí.

–¿Y eso?

–Para probar.

–¿Probar el qué?

–Lo de matar así, por las buenas, como aquella peli que vimos hace tiempo.

–¿A sangre fría?

–Sí, eso, matar a sangre fría.

–¿Y qué?

–Pues nada tío, que no me ha parecido gran cosa.

–¿Y cómo lo has hecho?

–Como siempre decía mi vieja que había que hacer las cosas, ¡como Dios manda! Me he acercado al colgado ese que llevaba horas pegado a la barra y le he dicho: «Te voy a matar».

–¿Y qué te ha contestado?

–Que no me molestara, que no desperdiciara una bala, que ya llevaba años muerto. ¡Casi me convence el cabrón!

–¿Entonces?…

–Pues que en ese momento, cuando voy a echar mi primer trago, me doy cuenta de que el camarero, que no sé dónde coño anda, se ha olvidado del hielo, entonces voy y… ¡Pam!, le pego un tiro al viejo y ya está.

–¿Has matado al viejo por un puto trozo de hielo?

–No, no lo he matado, lo he rematado, ya estaba muerto.

–Haber matado al camarero.

–Eso no habría estado bien. Por venganza y sin avisar, no es mi estilo.

–¿Y ahora qué?

–Pues que me voy a casa, se me ha hecho tarde. Además tengo reunión a las nueve, ya sabes, la terapia de grupo de mierda esa para canalizar la rabia.

Ya. ¿Qué tal te va?

–Buueno, el gilipollas del psicólogo dice que me ve mejor.

–¿Y tú que dices?

Yo, nada, nunca digo nada. Voy porque tengo que ir, y todo por un puñetazo de nada y un juez cabrón. Eso sí, durante las sesiones hago que me caen todos bien, pero son escoria.

–¿Como el viejo ese que te acabas de cargar?

–No, mucho peor. ¿Sabes?, al viejo le he hecho un favor, ahora sabe algo que ni tú, ni yo, ni nadie sabe. Un puto sabio, macho, eso es lo que es ahora y eso, gracias a mí y… a la bala.

Y al hielo y al camarero…

–Y a estas putas tardes de invierno.

Los dos jóvenes se van hacía la salida, el bar permanece vacío. El aprendiz de asesino se para, duda unos instantes, vuelve hacia atrás y se agacha sobre el cuerpo del viejo para cerrarle los ojos. Su compañero le observa.

–Tendría familia?

–¡Y qué más da que la tuviera o no!

Todo queda a oscuras. Se oye la voz del joven aprendiz que murmura: «Como mi viejo, los mismos ojos que los de mi viejo cuando me molía a palos.»

Pero nadie le ha oído.

24/01/2012 16:22 dominiquevernay #. sin tema Hay 4 comentarios.

Concentración

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–¿Qué tal dormiste?
–Un poco bien porque me desconcentré y me caí de la cama. (Hugo)

31/01/2012 08:52 dominiquevernay #. sin tema Hay 6 comentarios.


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